Fases en la formación de un niño lector

Etapa prenatal

Actualmente se habla de la importancia que tienen las conversaciones que una madre puede mantener con la criatura que lleva en el vientre y las recomendaciones de que hable a su bebé, le cante, le haga escuchar música… Y esas conversaciones son las primeras sensaciones que la familia puede dar al ser que nacerá.

Etapa maternal

A partir del nacimiento del bebé, la familia empieza a tener una gran importancia en su formación lectora. Será fundamental que los padres hagan memoria y recuerden todas aquellas canciones e historias que les contaron a ellos de pequeños. Cuando el niño sea capaz de sentarse aparecerán los primeros libros de imágenes.

Se trata de libros muy sencillos que muestran objetos cercanos a las vivencias de ese niño y, serán de nuevo los padres o los abuelos, los que le introduzcan en el mundo del simbolismo. Es el momento de sentar al hijo o al nieto en las rodillas e ir pasando las páginas, y sin darse cuenta le estarán enseñando muchas otras cosas que el mero acto de leer, como por ejemplo  el aprendizaje de la direccionalidad a través de pasar las hojas de izquierda a derecha.

Etapa preescolar

Hacia los dos o tres años el niño entra en contacto con hechos, peripecias y personajes que suceden en un tiempo lejano: el tiempo de la ficción. Los padres se convierten en contadores de historias a la orilla de la cama o en el sofá del salón. Es el tiempo del había una vez y el momento de los cuentos de toda la vida: las hadas, las brujas…, de la fantasía desbordante, en definitiva. Y en esta fase también los padres estarán dando modelos lectores a sus hijos: pausas, inflexiones, tonos cuando interrogan, cuando exclaman o susurran… les están diciendo que las palabras tienen tonos, cadencias, matices y sonoridades.




Etapa de la primera escolarización primaria

Esta etapa engloba el proceso de alfabetización que en teoría ofrece al niño ese truco mágico para acceder a todas las lecturas y a todos los libros posibles, pero que es uno de los mayores culpables de la pérdida de interés por la lectura. El esfuerzo que se requiere para descifrar ese código tan arbitrario y caprichoso que es el lenguaje escrito, es tan intenso que si no está bien dirigido puede acabar con las fuerzas del lector infantil.

Es el momento en el que los padres resultan verdaderamente imprescindibles, pero también cuando lo tienen más difícil, porque pueden caer en el rol de maestro sin darse cuenta de que siguen siendo padres y no maestros. Pueden leer juntos una receta para preparar a la hora de la comida, pedir que traigan el cuento que dice tal cosa en la carátula o buscar en el periódico aquel programa de televisión que les gusta tanto. Todo ello siempre con mucha paciencia, ya que de esta forma se ayuda a solucionar los errores que se darán en esta fase lectora.

Etapa de los últimos cursos de la escolarización primaria

Los niños crecen, pero aunque parezcan mayores y ya no necesiten tanto a los padres, hay que estar ahí al pie de la cama, porque es importante asegurar que se mantenga viva la fe en la magia de los libros y en sus poderes de desciframiento. Hay que seguir compartiendo el placer de leer en voz alta con los niños, y por eso es necesario que los padres sigan ahí leyendo a sus hijos historias cada vez más complejas y profundas, y el sitio ideal es el borde de la cama en el momento en que el hijo o la hija vaya a dormir.

De esta forma se irá creando el hábito de unas condiciones particulares de tiempo y de espacio; una atmósfera de introspección y de intimidad que, en lo sucesivo, asociará con la lectura y que quizás se le vuelva una costumbre indispensable para toda la vida: “leer un rato para llamar al sueño” o “leer, aunque sea diez minutos, antes de apagar la luz”.




Autor: Almudena Orellana

Almudena Orellana es cofundadora del Proyecto educativo Bosque de Fantasías y escritora creativa y redactora jefe del mismo. Leer más

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