Si un maestro no lee, no puede enseñar a amar la lectura

Leer es algo muy importante, porque además de brindarnos la posibilidad de viajar por el mundo y de nutrir nuestra mente y nuestra imaginación, también aumenta nuestro vocabulario, nos ayuda a reflexionar, a desarrollar nuestra capacidad de concentración y empatía o memoria… También, al mismo tiempo, nos aporta otros grandes beneficios como la minimización del estrés y la mejora de nuestro estado de ánimo y, sin embargo, a pesar de todos los beneficios que tiene no siempre encontramos ese tiempo en nuestras vidas necesario para hacerlo.

Esa falta de tiempo repercute, sin querer, en otros espacios y otras personas, como son los niños, ya que a esa necesidad de crear en el aula un espacio ideal para aprender a leer y fomentar la importancia de la lectura, se une la realidad de que los propios maestros, muchas veces, no pueden hacer de este hábito una parte principal de sus vidas. Y en este sentido, ¿cómo es posible educar o incentivar algo que no se practica?

 

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Muchos maestros no leen lo suficiente

Muchos maestros de distintas partes del mundo confiesan no leer o no hacerlo lo suficiente, y es lógico que en determinadas circunstancias (como pueda ser la de impartir clase a diario con el estrés que puede suponer y una cantidad de trabajo excesiva añadida) sea muy difícil lograr transmitir un mínimo amor por la lectura a los más pequeños. Circunstancias sociales, políticas, económicas, personales y familiares…pueden ser otras de las razones por las que muchos profesores no encuentren ese espacio libre para dedicar a la lectura. Sin embargo, y aunque esto es comprensible, la actitud que tengan los maestros en torno a esta realidad y a sus posibles soluciones es de vital importancia para que en la escuela pueda funcionar adecuadamente una verdadera motivación por la lectura. Y a esta realidad han dedicado buena parte de su trabajo algunos especialistas, como por ejemplo la psicóloga y escritora Emilia Ferreiro, que ha basado en este interesante tema buena parte de su investigación profesional. A todas luces, Ferreiro está convencida de que ser maestro y educar en la importancia de la lectura puede ser muy bonito, pero que también conlleva un importante esfuerzo y una gran responsabilidad.

Consecuencias de una enseñanza desmotivada

Como veíamos, y de acuerdo también con Ferreiro, muchos maestros no pueden dedicar a la lectura todo el tiempo que deberían para una buena formación en este ámbito, pero son muchas las realidades que pueden influir, como ocurre en algunos lugares de América Latina según Ferreiro, donde muchos docentes provienen de estratos sociales desfavorecidos y existe un importante nivel de desmotivación en una profesión que ha pasado casi a ser vista como de bajo prestigio social.

Esto, lamentablemente, trae consecuencias, porque si un maestro está enseñando algo que nunca quiso hacer o que no le motiva, entonces puede sentirse frustrado y transmitir esa falta de ánimo al alumnado. Y si no existe amor por lo que se enseña, las aulas no están sirviendo para despertar la curiosidad que se necesita a la hora de encaramarse a un libro, ni para transmitir amor por ninguna materia, y mucho menos por leer.

Si a esto se le suman otras realidades políticas y sociales que pueden rodear a la profesión de un maestro (como la habitual realidad de que los profesores a veces tengan que dedicar más tiempo a la burocracia que al propio ejercicio de la enseñanza), sin duda se  empeora el escenario de enseñanza que viven los alumnos día a día.

 

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Maestros por la motivación y el cambio

Es verdad que muchos maestros se encuentran en situaciones difíciles de aprendizaje donde existe un libro por cada 30 o 40 alumnos, por ejemplo, o desinterés o falta de apoyo por parte de los padres para afianzar más la educación. Pero si a todo esto se le suma una falta de tiempo constante y un ambiente laboral desmotivador, es posible que pueda darse un fracaso educativo en un alto nivel de probabilidad y una total ausencia de educación en torno a los beneficios de pararse y detener el mundo para leer.

Enseñar a leer y escribir en condiciones adversas no es sencillo, pero debemos pensar y tener en cuenta que aun así es muy necesario, pues difícilmente podrá educarse a los más pequeños en la importancia y el valor de acercarse a un libro si los adultos no disponen de tiempo para hacerlo tampoco. Tal vez esta sea una de las claves más importantes en la lucha por unas nuevas formas y métodos educativos, menos acelerados, y un buen ambiente educativo y una buena dosis de motivación personal pueden hacer posible que dichos cambios existan y que sean los maestros los encargados de hacernos ver, a toda la sociedad, que aprender siempre es posible y se consigue al leer.




Autor: Almudena Orellana

Cofundadora del Proyecto educativo Bosque de Fantasías, escritora creativa y redactora jefe. Leer más

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