Dejemos a los niños fracasar para que tengan éxito

La palabra “fracasar” no siempre es bien entendida en nuestra sociedad, lo que conduce a que, en muchos casos, se le otorgue una connotación negativa. Fracasar es dañino para nuestro ego, pero no para el aprendizaje, pues está demostrado que se aprende mejor después de un fracaso, con esa fuerza de voluntad que nace de las ganas de seguir y de que todo cambie a mejor.

 

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¿Por qué asociamos el fracaso con lo negativo?

Sin duda, el hecho de que “fracasar” se asocie con lo negativo, tiene mucho que ver también con la forma en que queda grabado después en los sentimientos de una persona, asociándose con otros sentimientos y emociones también negativas, que surgen de esa asociación entre equivocarse y haber hecho algo mal. Pero, ¿y si a ese tipo de errores los nombráramos de otra forma, como “nueva oportunidad” o “sigue intentándolo”?

Tal vez nuestra mente sería capaz de asociarlo a algo más positivo que llevara consigo otro tipo de pensamientos también positivos, como la motivación y la capacidad de superación.  Por eso también es preciso que tengamos claro que no tiene nada de malo que los niños fracasen porque es un hecho necesario para su aprendizaje, y el deber de los adultos en este sentido es dejar que los niños experimenten y asuman sus propios errores y equivocaciones.

Pero, ¿cómo pueden afrontar los niños sus fracasos? Y, ¿cómo podemos ayudarles a conseguirlo?

 

 

El papel de padres y maestros en el fracaso de los niños

Los niños están expuestos a muchas tareas que son valoradas continuamente, como pueda ser en el caso de las notas y de los resultados en el camino del aprendizaje en general. Por ejemplo, si un niño pequeño intenta caminar y fracasa, el resultado será una caída que puede que le produzca algo de dolor, y en dicha tarea el deber de los padres no es procurar que el niño no se caiga, sino que no haya peligros a su alrededor si ocurre.

 

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En caso de niños más mayores, si dichos niños no hacen sus tareas o no estudian, es probable que acabe tiendo la consecuencia de unas malas notas, lo que suele considerarse un fracaso. La tarea de padres y maestros, en este tipo de casos, es proporcionar la explicación y la comprensión necesaria para poder enmendar los errores y enfocarse en el esfuerzo para mejorar, y no en la negatividad y en la sensación de inferioridad. Los padres, a su vez, deben también proporcionar el ambiente necesario y los materiales adecuados para poder trabajar y tener un progreso escolar adecuado. Es decir, que padres y profesores pueden y deben actuar como guías, pero debe ser el alumno el que se encargue de ir aprendiendo a estudiar, a trabajar, a administrar los tiempos…es decir, a desenvolverse solo.

De nada sirve que los padres hagan los deberes de sus hijos, o que les preparen una manualidad fantástica para cumplir con alguna tarea pendiente, pues no se estará educando en ese esfuerzo y en esa mentalidad de superación tan importante en el desarrollo del aprendizaje y de la vida en general. No olvidemos que, el hecho de que un niño o niña adquiera una mejor nota por haber recibido una ayuda desmesurada, no repercute en ninguna forma en su verdadero progreso ni tampoco en su autoestima.

 

 

Fracaso y éxito ¿cómo se relacionan?

Cuando dejamos que los niños vivan sus “fracaso” o sus equivocaciones, permitimos que sean ellos los que experimenten las sensaciones asociadas al mismo, como puedan ser la tristeza, la angustia, el miedo o la vergüenza. Dichos sentimientos son necesarios para reflexionar y para adquirir el convencimiento y el deseo de cambiar las cosas en la siguiente ocasión.

Pero, incluso todos esos sentimientos que se formen, dependerán no solo de la personalidad particular del niño, sino también del tipo de educación que haya recibido en casa. Por ejemplo, un niño o niña que se equivoque no sentirá vergüenza por ello si le han educado en la idea de que equivocarse es de humanos y que lo importante es averiguar la causa del fallo y procurar hacer siempre las cosas mejor.

 

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Es cierto que en la infancia muchas veces no se olvida un fracaso, por el cúmulo de sentimientos adversos que se generan, pero para dejar de sentirse así conforme pase el tiempo, será muy importante buscar la forma de mejorar y de aprender del error con lógica e inteligencia. Esto es, al fin y al cabo, lo que nos hace más fuertes para una próxima prueba y estar mejor preparados cada vez. Los fracasos fortalecen el carácter y nos acercan al éxito de una forma mucho más experimentada y más consciente.

Y es que es importante ser conscientes de que el éxito depende de muchos factores, pero sin lugar a dudas uno de los más importantes es el de saber reponerse de las caídas haciéndonos más sabios y más fuertes.

 




Autor: Almudena Orellana

Cofundadora del Proyecto educativo Bosque de Fantasías, escritora creativa y redactora jefe. Leer más

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