Cómo enseñar a los alumnos a abrazar sus errores

Decir a los estudiantes que necesitan aprovechar mejor los comentarios que reciben por parte de sus profesores no es solo un buen consejo, sino que es una ciencia establecida. Según algunos científicos son unas 10.000 horas lo que una persona necesita para convertirse en experta en algún tema o disciplina concreta, 10.000 horas de trabajo aplicadas a casi cualquier campo y que, por supuesto, requieren de teoría pero también de práctica. Por eso es muy importante que los alumnos comprendan que el trabajo es el que les conducirá a aprender, a ser buenos en determinadas cosas y a tener un buen futuro, pero casi es más importante aún que sepan que lo verdaderamente efectivo no es la cantidad de prácticas n i trabajos a realizar, sino en qué consisten los mismos. A esto se le denomina hacer “prácticas deliberadas” e implica ser conscientes de aquello que no funciona y aquello que sí, para poder realizar un aprendizaje y un domino efectivo del área que estemos tratando.

 

alumnos errores

 

 

Por ejemplo, si un músico se centra nada más que en aprender de corrido y en hacer la melodía cuanto antes para terminar el trabajo pronto, no estará aprendiendo realmente las claves de la técnica y no podrá resolver los problemas de empaste de sonidos y demás que se le puedan presentar. Un buen músico se detiene, escucha, observa y resuelve los fallos tocando una y otra vez las veces que haga falta. Del mismo modo, los “errores” son una de las cosas más importantes que suceden en un aula cada día y es importante no dejar que se arrastren. Centrarse en los errores permite enfocar mejor la “práctica deliberada” necesaria para solucionarlos. Esta forma de trabajar permitiría ver a los estudiantes sus errores como algo valioso, como esa clave necesaria para poder continuar y mejorar. Sin embargo, los estudiantes no tienen a pensar racionalmente sobre sus errores, sino que piensan de forma mucho más emocional sobre ellos mismos y sobre todo lo que les afecta.

 

Los errores hacen que los estudiantes se sientan estúpidos, pero en realidad ese tipo de “estupidez” es solo eso: un sentimiento. De forma más específica, es el sentimiento de la vergüenza y la respuesta natural del ser humano a la misma es evitar su origen. Por eso si tenemos la sensación de haber dicho algo embarazoso, solemos ocultar nuestra cara o mirar al suelo para “escapar” de la mala sensación. Del mismo modo, cuando los alumnos obtienen una mala calificación tienen a ocultar las pruebas, y aunque esto es algo humano es preciso que procuremos hacer ver a los estudiantes que esas son las peores decisiones que podemos tomar si lo que queremos es mejorar y avanzar. El éxito académico no proviene de cuán inteligentes o motivados estén los estudiantes, sino de cómo se sientan y cómo actúen con respecto a sus errores.

 

 

Una nueva forma de ver el mundo para aprender

Cambiar la perspectiva de los estudiantes sobre los errores es el mejor regalo que puedes dar como profesor. Imagina tener un salón de clases lleno de estudiantes comprometidos y que mejoran constantemente… ¡Es el sueño de todo maestro/a! Pero la realidad nos enseña que el día a día es otro, y que los maestros se enfrentan con demasiada asiduidad a estudiantes desconectados, perdidos y desmotivados. Esto no es algo que se produzca en dos días, sino que se va generando desde las primeras experiencias escolares de los niños, incluso desde las propias experiencias más íntimas y personales.

Y es que la seguridad en uno mismo requiere años de trabajo y esfuerzo, y por eso para cuando un profesor se encuentra con un nuevo grupo de estudiantes, es muy probable que dichos alumnos ya hayan internalizado errores muchas veces como símbolo de torpeza o incluso de falta de inteligencia. Para entonces muchos alumnos ya sentirán las malas calificaciones como ataques personales, lo que les impedirá encontrar la motivación para superar esas notas y mejorar su capacidad de trabajo y de esfuerzo.

 

motivación aprendizaje

 

No importa la edad ni la materia de la que se trate. Los estudiantes, conforme van avanzando en su periplo escolar, van adquiriendo nuevos enemigos: las matemáticas, el inglés…y algunos hasta la escuela en sí misma. Para un profesor esto debería ser increíblemente frustrante, porque lo habitual es que los profesores se pasen el curso avisando, procurando enmendar errores y explicar con corrección, brindando comentarios serios sobre las tareas asignadas…y los alumnos solo parecen ver las marcas rojas de bolígrafo en un examen. Por eso es necesario que los profesores también sean conscientes de qué es lo que puede ir llevando a un alumno a ese estado de desmotivación y falta de confianza.

 

Pautas para enseñar a “abrazar” los errores

Para ayudar a sus estudiantes a “abrazar” y a comprender sus errores, puedes guiarles como profesor y especificar mejor cuáles son los fallos y cuál puede ser el problema de los malos resultados. Saber que una respuesta es incorrecta solo porque se marque en color en una prueba de examen o ejercicio no significa mucho, pero saber que lo que no se ha entendido es el proceso de formación de una célula o la forma en que debe localizarse el complemento directo de una oración, puede servir para centrarse en algo concreto y mejorar.

Porque lo cierto es que la mayoría de errores que los profesores suelen localizar responden a despistes o a descuidos generales, y no tanto a errores de comprensión graves, y que aunque fuesen fallos muy graves puede ser más grave aún la sensación acarreada de incapacidad generada por muchos alumnos. Los errores ocurren por razones concretas y las marcas rojas son solo un método de evaluación, una acción que invita a la reflexión y a la mejora de los errores.

 

avanzar y aprender

 

Otra cosa que también puede ayudar a los estudiantes a “abrazar” sus errores es verlos como algo útil, así como recordar que el bolígrafo rojo no es el enemigo, ya que cuando los estudiantes entienden cómo lidiar con sus errores el rojo solo significa el primer paso para el cambio. Una forma de alentar una buena actitud en ese sentido es seleccionar los errores más comunes de una clase y analizarlos de forma colectiva. Cuanto más abiertos estén todos sobre los errores que han cometido y cómo ocurrieron, menos importancia le darán a los errores futuros, pues no se sentirán solos y habrán adquirido mucha más confianza para ponerles solución. Compartir esa claridad y causalidad con los estudiantes es la mejor manera de enseñar “práctica deliberada”, de inculcar motivación y de ayudarles a desarrollar una relación más constructiva con sus propios errores. En resumen…, dar con las ganas, con los métodos, con la clase y con los estudiantes que todo maestro desearía tener.




Autor: Almudena Orellana

Cofundadora del Proyecto educativo Bosque de Fantasías, escritora creativa y redactora jefe. Leer más

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