Cómo tranquilizar a los niños según la filosofía Montessori

El enfado en los niños es algo que sucede con mucha frecuencia y son muchos los factores que pueden influir en ello, y que van desde el tipo de crianza que se les esté brindando, por poca paciencia por parte de los niños a la hora de obtener las cosas, o simplemente porque existe un problema de comunicación que les impide expresar lo que quieren claramente.

Estos berrinches, como se les conoce popularmente, se presentan cuando los niños manifiestan poca tolerancia a la frustración, y la realidad es que casi ningún niño/a escapa de ellos en algún momento de sus vidas. Pero, ¿cómo actuar? Porque no por ser una situación cotidiana es más sencilla, sino que a veces es todo lo contrario.

 

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Por este motivo María Montessori desarrolló un método que contribuye a serenar este tipo de alteraciones conocidas como berrinches, a través de la base del respeto y del amor. ¿Quieres conocerlo?

 

María Montessori y el control de los berrinches

María Montessori luchó por la educación de los niños fundamentada en el amor y en el respeto mutuo, adaptando a su filosofía y a sus métodos su gran amor por la infancia y la paz. Por eso, y basándonos en las ideas de Montessori para con los niños, podemos destacar estos puntos ideales para tratar de calmar los enfados y las rabietas en los más pequeños:

 

  • En los momentos de alteración, atiende con respeto

Los momentos de alteración en los niños suceden en sitios impredecibles. Ellos no comprenden aun bien el entorno y quizás sea eso lo que más nos puede alterar como padres. Por este motivo, cuando tu hijo se altera, es muy probable que tú también te encuentres alterado o alterada, por lo que debes canalizar la situación con inteligencia y respeto hacia el niño o niña en cuestión. Deja que se calme, háblale firme y abrázalo mientras le dices en el oído que se tranquilice.

 

  • Conocer sus necesidades

En medio de la confusión que pueden generar los gritos acompañados con el llanto, lo primero que debes conocer es la necesidad real del niño. Aprovecha el momento para hacer preguntas que precisen de respuestas cortas como un sí o un no. Por ejemplo: ¿quieres salir del cuarto? (o del sitio en donde se encuentre), ¿quieres que te dé la mano? Etcétera.

El niño, en medio de su confusión, es posible que solo mueva la cabeza asintiendo o negando lo que quiere hacer. Este tiempo es crucial para el niño, porque le permitirá razonar sobre una acción fuera de contexto, calmándose un poco más y centrándose en las peticiones que realmente desea.

 

  • La importancia del diálogo

Una vez calmado y un poco más tranquilo, comienza la conversación y haz que sea el niño quien tome primero la palabra. Mientras tanto, los padres deberán escuchar atentamente. Una vez expuestos los motivos de su enojo, será el turno de los padres. En este paso los padres deben brindarle el respaldo al hijo mientras hacen preguntas cortas como por ejemplo: ¿te sientes cansado?, ¿te disgustaste por que no te compramos el helado o el juguete?, ¿quieres irte a casa?

 

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Es posible que en este paso los niños únicamente muevan la cabeza cuando les hables. Sí esto ocurre, será el momento de hablarles de manera firme, sin ningún consentimiento, y explicándoles que como padres entendemos su disgusto. También es importante que puedan entender que, a pesar de sus disgustos o necesidades, esa no es la forma de reaccionar frente a una situación. Por tal motivo, esperas que no vuelva a suceder y que sus enfados los vayan controlando a medida que vayan creciendo.

 

  • Ponte del lado del niño

Como padres ya podemos intuir el momento clave de la explosión de su ira. Antes de que ocurra lo mejor que puedes hacer es evitarlo, ubicándote a la altura de tu hijo. Míralo fijamente y háblale: ¿necesitas decirme algo? Esta intercepción hará caer en la cuenta a tu hijo de que como padres estamos evitando su berrinche. Este momento se alcanza tras hablar con los niños sobre su actitud frente a situaciones incómodas, especialmente cuando están calmados.

 

Recordemos que los padres son siempre la guía de los hijos, los responsables de su educación y el modelo a seguir e imitar cuando sean mayores. Por eso edúcalos con amor, respeto y disciplina, porque cuando tengan tu misma edad sin duda te lo agradecerán.




Autor: Almudena Orellana

Cofundadora del Proyecto educativo Bosque de Fantasías, escritora creativa y redactora jefe. Leer más

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