Conoce lo que es el trastorno de la disgrafía en niños

En su sentido más general, la disgrafía es la dificultad que se da en ocasiones con la escritura a mano, relacionada con problemas con determinadas habilidades motoras finas. La disgrafía puede mostrarse de diversas formas y, en caso de sospecha, siempre se recomienda consultar con un especialista, como el logopeda, para ver qué pautas puede recomendar.

Un niño con disgrafía no necesariamente será disléxico o dispráxico (aunque a veces dichas afecciones pueden estar relacionadas). Por ejemplo, la disgrafía no necesariamente afectará a la ortografía oral, por lo que un niño podría ser capaz de deletrear a la perfección y que dicha habilidad se empobrezca a la hora de escribir las palabras en un papel. En función de las características de cada caso, la disgrafía podría tratarse también de manera diferente.

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Cómo reconocer la disgrafía en los niños

Los niños con disgrafía pueden tener excelentes habilidades de lectura y comprensión auditiva, pero tienen problemas con la tarea de escribir a mano. Pueden darse casos de niños que lleven mucho tiempo haciéndolo y que nadie se haya dado cuenta, otros casos de frustración ante los deberes o la hora de ir al cole…etc. Pero, al margen de que cada caso puede presentar unas características específicas, algunos de los rasgos más comunes de la disgrafía son:

  • Dificultad para sostener un bolígrafo.
  • Formar letras de diferentes tamaños, con espacios irregulares y que no siempre permanecen en la línea.
  • Mostrar una escritura a mano ilegible, es decir, algo que realmente no se pueda leer en absoluto. Tengamos en cuenta que muchos niños pueden no escribir bien, pero dicha escritura compleja aún permite ser leída y no indicaría un problema a priori.
  • Mezclar letras mayúsculas con letras minúsculas.
  • Sostener el bolígrafo o el lápiz con mucha fuerza.
  • Mostrar determinados problemas con la ortografía.
  • Tener una falta de motivación general hacia la escritura.

 

Qué podemos hacer si un niño tiene disgrafía  

Podemos observar si un niño tiene disgrafía comenzando por el posicionamiento básico del cuerpo, lo que siempre es muy útil para evaluar las prácticas de escritura manual o  la formación de las letras. En primer lugar deberíamos centrarnos en la biomecánica, averiguar si el niño en cuestión está listo ergonómicamente y posturalmente para comenzar a escribir, cómo se siente cuanto está sentado, si la altura de la mesa y la silla es la adecuada, si sus pies pueden apoyarse debidamente en el suelo…También podemos preguntar al niño o niña si siente algún dolor o molestia al escribir y, si es así, señalar la zona, ya que esto nos dirá qué parte del brazo está usando para escribir.

Los niños con disgrafía probablemente usarán la mayor parte de su brazo para escribir, y podrían tener dolores y molestias en el hombro, brazo y/o muñeca. El problema más común es el de la colocación de la muñeca, a pesar de que los adultos casi siempre en lo que nos fijamos es en la posición del pulgar y del dedo. Por eso es importante comprobar si la muñeca está relajada mientras se escribe y si se mueve suavemente a través de la página, o si salta mientras intenta estirar los dedos para llegar más lejos a lo largo de una línea. También podemos realizar comprobaciones colocando el papel para que el niño o la niña escriba, asegurándonos de que esté en ángulo correctamente, en el lado derecho o izquierdo del cuerpo (según la mano con la que se escriba), y que no esté posicionado plano y recto. La escritura diestra va de forma natural en un movimiento cuesta arriba, y la escritura zurda se mueve cuesta abajo, por lo que los niños terminarán torciendo su cuerpo para compensar las posiciones.

 

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Otra de las opciones sería trabajar para fortalecer los músculos de las manos y de los dedos con juguetes que haya en casa. Por ejemplo, jugar con arcilla o Legos ayudará a reforzar lo que los niños necesitan escribir. Puedes usar cualquier juguete que requiera resistencia y que tenga un poco de acción tipo “empujar y tirar”. Anima a los peques a pensar en lo que están haciendo con las manos mientras juegan.

Y, si tras las comprobaciones crees que tu hijo o hija puede tener disgrafía, coméntalo y busca ayuda en la escuela para ver formas conjuntas de trabajo y recomendación. La información en torno a prácticas de escritura a mano o una buena selección de hojas de trabajo y patrones también pueden ser un complemento fenomenal para que los niños con dificultades mejoren en su nivel de escritura.

 




Autor: Jesús Falcón

Cofundador del Proyecto educativo Bosque de Fantasías, programador y desarrollador por excelencia, dedicado al mundo educativo y a su evolución.

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