No exijas que tus hijos se calmen si no sabes hacerlo tú

Como padres, más de una vez hemos experimentado el berrinche de un hijo descontrolado que no sabe calmar. Lejos de ayudarles, muchas veces comprobamos angustiados que el berrinche parece ganar la batalla, pues tarde o temprano termina descontrolándonos a nosotros mismos. Dicho esto, ¿cómo podemos entonces exigir a un niño que se calme cuando a nosotros, como adultos, nos cuesta tanto el control emocional? ¿No es algo que resulta completamente incongruente?

 

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Hoy, bajo la sombra y la angustia que a nivel mundial está causando la pandemia del llamado “coronavirus”, es muy probable que este tipo de situaciones se den con mucha más asiduidad, pues en muchos lugares los niños ya no están yendo por seguridad a sus centros escolares y deben permanecer confinados en casa sin poder desahogarse al aire libre, ni jugar, ni estar con sus compañeros o demás seres queridos. Por eso, si un berrinche de por sí siempre es complicado, ahora se puede volver un auténtico desafío ante el que será fundamental saber lidiar.

En este tipo de situaciones tan complicadas, ahora a un mayor nivel, lo primero que debemos hacer es ser conscientes de que perder los nervios es algo absolutamente normal (ahora más que nunca), y de que muchas veces nosotros mismos los perdemos, y no solo ante los berrinches de los más pequeños, sino por otras muchas cuestiones como es la situación en la que el mundo se encuentra en la actualidad. En segundo lugar, debemos analizar siempre cada ocasión en la que llegamos a perder los nervios y poner soluciones, ya que el siguiente paso es encontrar estrategias que sean de utilidad a los niños para que puedan aprender a alcanzar la calma cuando se desesperen o se pongan demasiado nerviosos.

 

Consejos para calmar a un niño nervioso o alterado

  • Los niños sufren estrés al igual que los mayores, y casi siempre lo demuestran al final de la tarde, cuando ya han acumulado todas las emociones del día durante horas. Por eso es muy importante procurarles tardes tranquilas, lo que puede conseguirse con un sencillo baño de agua tibia o una buena rutina que les ayude a dormir siempre a la misma hora. Este tipo de acciones son muy importantes para aprender a liberar el estrés y para evitar episodios de berrinches innecesarios.
  • Los niños, cuando están alterados, necesitan sentir firmeza en la voz de sus padres, porque eso les da seguridad. No se trata de pegar gritos, ni mucho menos, sino de lograr mantener una sola postura ante la situación, así como un tono de voz firme. Mira a los ojos a tu hijo/a y procura siempre mantener las conversaciones a su misma altura visual.
  • Hablar con firmeza no significa no demostrar cariño, y este punto es muy importante, porque los más pequeños necesitan sentir que se les quiere a pesar de sus berrinches o pérdidas de nervios, así como sentir que tenemos toda la intención de ayudarles. En este sentido también debe quedar claro que, para conseguirlo, es vital su actitud y su colaboración.

 

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  • Cuando se den estos casos, explica a tu hijo o hija lo que le está ocurriendo poniéndole un nombre a su emoción. Puedes decirle “lo que sientes es frustración por no lograr lo que quieres, o por la situación en la que nos encontramos”. Cuéntale que a ti también te sucede y que eso te molesta, pero que es necesaria la calma. Prueba también a contar las estrategias que tú aplicas para aliviar la frustración, y brinda las herramientas necesarias para que tu niño o niña también se las pueda aplicar.
  • Nunca le digas a un niño que no llore o no sienta rabia, deja que exprese sus emociones y que las identifique. Presta tu ayuda también para que pueda canalizar dichas emociones en lugar de reprimirlas. Las emociones que se reprimen son muy peligrosas, pues pueden generar muchas más posibilidades de actitudes y cargas negativas.
  • Si tú también has perdido los nervios o tienes sensaciones negativas, como la rabia o la angustia, piensa seriamente en si dichas emociones te van a dejar actuar con madurez y seriedad. De lo contrario, es preferible que te alejes de la escena por un rato, te calmes y regreses para ayudar, y no para reprimir o castigar.
  • Por muy dura que sea la situación no ignores a los niños, porque el mensaje que les estarás transmitiendo es “a mí no me importa por lo que estás pasando”, y esta es una situación muy dura que nos afecta a todos y de la que deberemos salir ayudándonos unos a otros.

 




Autor: Jesús Falcón

Cofundador del Proyecto educativo Bosque de Fantasías, programador y desarrollador por excelencia, dedicado al mundo educativo y a su evolución.

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