Manejar las rabietas con sólo 3 trucos

rabietas y enfados en niñosY  cuando menos te lo esperas llega el día en que tu hijo tiene su primera rabieta y te preguntas: ¿en dónde aprendió a chillar de esa manera que parece que le va a dar algo? Pero no, tranquilos, no se acaba el mundo, solo es su primer berrinche. Quedan unos cuantos antes de que se dé cuenta de que así no consigue nada y que puede expresarse de otra forma más tranquila y obtener mejores resultados. Eso sí, de tu actitud depende que esto sea una etapa pasajera o una constante en sus vidas. ¿Quién no ha visto en algún momento de su vida a un niño ya mayor protestando como si tuviera 2 años?

Justamente es alrededor de esa edad, los dos años, cuando el niño experimenta con el enfado y la rabia. Desde el primer instante se da cuenta de que saca de quicio a quien tiene al lado y que por no oírlo mucha gente le da lo que quiere. Se está formando su personalidad y lo que hace es probar hasta donde llegan los límites: donde puedo llegar y donde no. Ahí entramos los padres en escena, pues nos toca definir por medio de la educación si nuestro hijo va a ir madurando en el respeto y en la convivencia o, por el contrario, va a crecer siendo un egoísta que lo quiere todo y lo quiere ya.

Parece imposible controlarlo y también controlarse uno mismo, pues la vergüenza delante de los demás y la desesperación por hacer que entre en razón son ideales para perder los nervios y la calma que todo el mundo nos dice que tenemos que tener. Tranquilos una vez más, no somos los primeros ni los últimos en pasar por esto.

Te damos tres trucos que sí sirven:

  1. Hablar muy claro

Explicarle el motivo para no darle lo que pide de lo forma más directa posible. Piensa que no entenderá explicaciones largas porque es posible que solo escuche su llanto, así que sé breve y directo: “no podemos ir al parque porque no tenemos el coche” o “hay que irse a dormir para descansar y poder jugar mañana”.  Repetirlo si es necesario manteniendo un tono moderado.

  1. Darle una alternativa

No es lo mismo un NO rotundo que un no acompañado de otra opción. Si no se puede ir al parque, ofrecerle un juego divertido en casa, poner música para inventarnos bailes, o cualquier otra cosa que le distraiga de su enfado es buena idea. Eso sí, hay que “venderla” con entusiasmo para que se ilusione, y así cada vez que no obtenga lo que desea en lugar de frustrarse comenzará a pensar qué alternativa tiene.

  1. No perder los nervios

De acuerdo en que es más fácil decirlo que hacerlo, pero al menos si pensamos que no entienden bien aún y que lo que reclaman es para ellos lo más importante del  mundo en ese instante, lograremos poco a poco ser más pacientes y respirar hondo, no una, sino muchas veces. Debemos tratar a nuestros hijos con calma como si todo estuviera normal. El niño espera descolocarnos y esto le descoloca a él.  Sácalo de donde está, id hacia un lugar tranquilo, ponte a su altura para poder mirarle a los ojos, dale las manitas, repítele la razón que le has dado con toda la convicción posible y distráelo, como sea, con algo que vayáis a hacer, con una broma, con la forma de una nube o con un coche rojo. Te agradecerá que lo hayas sacado de una rabieta que ya ni se acuerda como empezó. Y habrá aprendido dos cosas: a reírse después del enfado y que lo quieres pase lo que pase.

Un último consejo: ten siempre en cuenta las horas de sueño y de comida porque son las dos razones principales por las que el pequeño pierde los nervios. Lleva siempre unas galletas o una pieza de fruta por si no llegamos a darle de comer, y en el caso del sueño, cuando no pueda más conviene llevarle en brazos si es posible, para que se calme con nuestro amor aunque estemos en el supermercado lleno de gente un sábado a las 8 de la tarde.







Autor: Bosque de Fantasías

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