¿Cómo matamos la creatividad en los niños?

Todos los niños nacen con un alto grado de creatividad pero, desafortunadamente, poco a poco sus habilidades creativas terminan desvaneciéndose irremediablemente, como consecuencia de la poca estimulación y apoyo ejercido al respecto. En este sentido, como padres y educadores deberíamos preguntarnos… ¿qué estamos haciendo mal?

 

Los temibles “asesinos” de la creatividad

  • La creatividad ya premia a los niños con la fantasía y el deseo de explorar el mundo que les rodea, por eso, si premiamos a los niños de otras formas, como por ejemplo con regalos por las buenas notas, es probable que hagan todo lo posible por sacar una buena nota pero no por mejorar y a prender más o por seguir avanzando una vez pasado el examen. Debemos tener muy claro que los premios realizados en este contexto destruyen el placer que acompaña a las actividades creativas, y lo ideal es que los niños estén entusiasmados y motivados por el propio aprendizaje y descubrimiento, y no por ver un cuaderno sin anotaciones rojas.
  • La presencia constante y el control de las ideas, hasta las más insignificantes, afecta negativamente en la creatividad de cualquiera, y máxime en los más pequeños. Si estamos siempre detrás de los niños ayudándoles, es probable que no aprendan a correr riesgos y a valorar los beneficios de cometer errores como parte integral del proceso creativo.
  • Restricción a la hora de elegir. Colocamos a los niños en un sistema que lo único que enseña es que solo hay una respuesta correcta. La mayoría de los juguetes tienen una serie de instrucciones para su uso, y rara vez les permitimos que jueguen como ellos quieran. La oportunidad de explorar cosas nuevas está en la raíz del pensamiento no estandarizado, y por eso los niños creativos se sienten libres de ofrecer soluciones alternativas, alimentando siempre su curiosidad.
  • Planificación excesiva. Horarios, deberes, tareas, clases extraescolares…la infancia jamás había sido tan restrictiva ni había sufrido tantas exigencias como ahora. Estamos tan ocupados con el exceso de estimulación y entretenimiento que nos olvidamos de la necesidad de cualquier niño a sufrir y saborear el aburrimiento. No deberíamos olvidarnos de que el aburrimiento sirve para alimentar la imaginación, nutrir de ideas y creatividad, y aprender a valorar mucho más todo aquello que tenemos. Justo en ese momento en el que nos dedicamos a “no hacer nada”, nuestras mentes asisten a las ideas más brillantes que pueda haber. ¿Por qué no permitirles a los niños entonces experimentar este estado?

La creatividad prospera cuando las cosas se hacen por placer y no por un simple hecho de perfección y/u obligación. Olvidemos lo que necesitamos para “hacer lo correcto” y démosles a nuestros hijos la oportunidad de explorar, de cometer errores y de arriesgarse para que puedan sentirse libres de expresar todas sus maravillosas ideas.




Autor: Bosque de Fantasías

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