Los niños inquietos también son felices

Existe una corriente, en la actualidad, que habla de la felicidad que tienen los niños más inquietos en contraposición a la tristeza, o a la falta de felicidad, que presentan los niños que son más tranquilos y callados. Pero, ¿es esto cierto? La única verdad es que deberíamos dejar de poner etiquetas a los niños y de determinar si son felices o no en función de su carácter.

¿Puede un niño callado y tímido ser feliz? Por supuesto que sí, al igual que un niño que se muestre más activo y “revoltoso” puede no serlo, es decir, que la posibilidad de ser felices o no, no depende de nuestra forma de ser o de nuestra capacidad de dinamismo. Sí que es cierto que nuestra posibilidad de alcanzar la felicidad sí que depende, en buena medida, de nuestra forma de pensar y de enfrentarnos al mundo, pero esto es algo que los niños aún tienen tiempo de aprender y de practicar. El desarrollo de la inteligencia emocional será clave en este sentido.

 

Los niños inquietos no están maleducados

Sí que es cierto que los niños que se muestran más revoltosos, aquellos que parecen no poder quedarse quietos ni un segundo, o que gritan y saltan por donde quiera que van, no son tratados por los adultos como deberían. Y dicho trato inadecuado no viene necesariamente de sus propios padres, sino de un alto porcentaje de la sociedad que juzga sus comportamientos con miradas recelosas, indignadas y acusatorias hacia los padres, que se sienten impotentes ante este hecho.

Debemos comprender que cada niño es un mundo y gestiona como puede, y mientras va aprendiendo y desarrollándose, sus emociones. Al igual que hay niños muy contenidos incapaces de expresar su alegría o emoción ante un hecho o acontecimiento, muchas veces por timidez, existen otros que muestran su entusiasmo a voces, riendo a carcajadas o abrazando a los demás efusivamente.

Los niños aun no disponen de etiquetas de comportamiento ni comprenden del todo las reglas de civismo que imperan, habitualmente, en una sociedad. Evidentemente estos son aspectos que deben ir aprendiéndose en casa, en la escuela…es algo que los propios niños van observando de los adultos. Ellos, aunque no lo parezca en ocasiones, van tomando buena nota de todo cuanto ven y oyen, y por eso es muy importante siempre el ejemplo que se les dé. Pero igual de importante es que no noten las miradas acusatorias de los adultos cuando no sepan comportarse como se supone que “corresponda”, pues merecen toda nuestra confianza y ayuda para terminar aprendiéndolo tomando todo el tiempo que necesiten, ni más ni menos.

 

Los niños callados no son niños raros

Al igual que ocurre con los niños más inquietos o activos, muchos niños que se muestran tranquilos, más callados o tímidos de lo habitual, pueden llegar a sufrir la incomprensión de las personas que les rodean e insinuaciones de ser niños raros, lo que puede resultar muy angustioso para niños que no saben por qué tienen más inclinación al silencio o a la tranquilidad que los demás.

Por eso es tan importante que abandonemos las etiquetas y que ayudemos a los más pequeños a ir reconociendo y a enfrentarse, poco a poco, a sus emociones diarias. Es probable que con el tiempo, y una vez sepan reconocerlas, muchos niños dejen de ser tan inquietos y que otros dejen de ser tan callados y desarrollen nuevas técnicas para las relaciones sociales, sin embargo también pueden darse casos en los que esto continúe así, y deberemos asumir, en consecuencia, que dicha forma de ser formará parte de su personalidad, sin prejuicios ni reproches.

De la misma forma debemos ser conscientes de que la felicidad es asequible a todos ellos, y no abandonar nunca nuestra responsabilidad que como adultos tenemos respecto a ella.

Es importante que seamos comprensivos, tolerantes…que desarrollemos al máximo nuestro nivel de empatía y nos pongamos en el lugar de aquellos niños que tengan personalidades o formas de comportarse más extremas y/o diferentes que la media. Ponernos también en el lugar y en la piel de sus padres y madres, que educan de la mejor forma posible a sus pequeños y no pueden intervenir, de manera directa, en la forma que ellos tengan de relacionarse con el mundo que les rodea.

No nos olvidemos nunca de que, coartar la libertad de los más pequeños sin sentido, sí que puede ser causante de que dejen de mostrarse con los años de forma natural y espontánea, así como de la infelicidad que sientan.




Autor: Almudena Orellana

Cofundadora del Proyecto educativo Bosque de Fantasías, escritora creativa y redactora jefe. Leer más

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