Niños que imitan, niños que crecen

El niño debe desenvolverse en un ambiente habitual de gozo y de alegría, su espontaneidad es sinónimo de salud interior y de equilibrio de su personalidad y por eso es muy importante el no frenarla.

Muchas veces los adultos piensan que los niños no se dan cuenta de lo que se hace a su alrededor o de su significado. Sin embargo, los ojos de los niños son como cámaras fotográficas que van registrando cada uno de los acontecimientos que se suceden con minuciosidad, por lo que los adultos siempre han de valorar el ejemplo que ofrecen a los niños. Es cierto que no siempre entienden el significado de las cosas, pero queda almacenado en su interior y puede convertirse en un factor perturbador o constructivo, según sea el caso.

 

Cuando comienza la etapa de imitación

El niño alrededor de los tres años imita sin limitación. Imitar es su forma de vivir, es un síntoma de crecimiento. El niño imita porque admira y admira porque siente que no puede hacer todo lo que quiere y porque a su alrededor se hacen cosas para las que él no se siente capaz. Imita porque quiere ser como los demás y, sobre todo, porque quiere ser mayor.

El niño no utiliza un criterio de selección, pero con frecuencia se encariña con determinados tipos, gestos, acciones o figuras que le producen más admiración. El ámbito de la imitación infantil es el familiar y, en su caso, el del medio ambiente y el entorno que les rodea. Las alteraciones en el hogar repercuten sensiblemente en el niño, la armonía en este ámbito hace posible un crecimiento alegre, cordial y espontaneo.

El niño debe sentir con agrado la suficiente libertad de movimientos como para elegir sus formas de imitación. Las represiones inhiben sus energías y producen temores que pueden ser muy perjudiciales.

En cualquier caso, esto no quiere decir que el niño deba satisfacer todos sus deseos, ya que si esto sucede, se desorganizará su personalidad e incurrirá en el capricho, el egoísmo y la mala educación. Es importante que el niño/a aprenda a regular su comportamiento por normas ordenadas, pero no conviene que sean ni muchas ni muy opresivas.

Es vital tener presente que todo el que viva alrededor de un niño es responsable de su educación y, que a veces no se quiera comprender ni aceptar esta responsabilidad, no significa que sea menos real ni importante para la vida y el desarrollo y crecimiento de un niño.




Autor: Bosque de Fantasías

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