El desarrollo de la disciplina en el niño

La disciplina es un proceso de aprendizaje, no un sinónimo de castigo. Es el proceso en virtud del cual el niño aprende valores, límites de la conducta en determinadas situaciones, normas generales de interacción y otras expectativas y reglas de tipo familiar, social y cultural. Puede considerarse como el proceso de civilizar o socializar al niño.

Cuanto más positivos sean los métodos utilizados por los padres para inculcar conductas adaptadas a sus hijos, tanto más positiva será la relación del niño con ellos.

El objetivo del aprendizaje de una correcta disciplina es ayudar a los niños a que aprendan el uso de las palabras, para así evitar agresiones físicas y llenar sus apetencias sin necesidad de crear en él actitudes caprichosas.

Durante la infancia el lenguaje es un recurso muy poderoso para inculcar una buena disciplina. A través de él puede influirse en la conducta del niño con palabras como adivinar, magia, diferente, ayuda, nuevo…

A muchos niños preescolares, dentro de lo que son capaces de hacer, les gusta agradar a los adultos y cumplir con ellos. Pueden escuchar las instrucciones verbales, pero es necesario que éstas sean específicas (vamos a sentarnos aquí tranquilamente) más que generales (estate quieto). Ésta es la edad del yo también, y los niños se motivan con la conducta de los otros, especialmente si ven que se alaba a otro niño por una conducta deseada.

 

La utilización de la creatividad y de la fantasía

La fantasía es grande a esta edad y podemos utilizarla para lograr la cooperación del niño si entramos en su juego, por ejemplo: Caperucita, que es una niña muy buena, seguro que ayuda a su abuelita. Los métodos indirectos dan a menudo muy buen resultado. El cuchicheo y la exageración también.

Cuando los niños tienen más de 4 años es especialmente importante establecer unos límites firmes e indicarlos de una manera constante y amable. Muchos niños de esta edad se sienten más seguros si se les han establecido unos límites claros, ya que sus propias sensaciones y acciones pueden asustarlos por su intensidad.

Entre los 6 y los 12 años hay que ayudar a los niños a que aprendan las expectativas de la conducta que han de seguir en su relación con el entorno, y también canalizar su energía hacia el aprendizaje, el trabajo, la socialización y el gusto por las instrucciones de tipo constructivo.

Los preadolescentes siguen necesitando alabanzas y generalmente responden a ellas más que a los castigos o a las amenazas. Las alabanzas han de tener sentido, no deben ser palabras huecas, especialmente aquellas referidas a un logro que el joven considere que ha requerido esfuerzos.




Autor: Jesús Falcón

Cofundador del Proyecto educativo Bosque de Fantasías, programador y desarrollador por excelencia, dedicado al mundo educativo y a su evolución.

Comparte este artículo en

1 Comentario

Envía un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *