El cerebro del niño no aprende cuando le gritan

Gritar puede ser una medida gratificante para liberar el estrés y sentirnos mejor con nosotros mismos. Pero no es un método educativo de aprendizaje en ninguna persona, y mucho menos en un niño. La obediencia que hacen los niños después de que sus padres, o cualquier adulto les grite, se debe al miedo y no al aprendizaje.

Veamos cómo funciona el cerebro de un niño cuando sus padres le gritan.

 

Funcionamiento del cerebro cuando un niño/a es educado con gritos

Ante los gritos los niños sienten miedo e inseguridad y esa es la emoción que se activa en el cerebro. El cerebro detecta una amenaza bloqueando la zona de la amígdala y de esta manera bloquea la entrada de información. El cerebro cree que cualquier información que entre hará daño, y por tanto rechaza cualquier aprendizaje mientras la emoción del miedo permanezca activa.

La amígdala se encarga de regular las emociones y es la que ayuda a asociar el escenario vivido con el peligro. Ésta guarda todos los recuerdos relacionados con el momento vivido, y la próxima vez que se viva un episodio parecido se activará el miedo como método de defensa, bloqueando cualquier acción del niño.

Si por ejemplo un niño está aprendiendo a manejar una bicicleta y dicho aprendizaje se le dificulta, éste puede intentarlo cada vez que sea necesario sin temor, sin rabia e incluso con gran ilusión cada vez. Sin embargo, si el padre o la madre pierden la paciencia y comienzan a gritarle y ofenderle cada vez que se equivoca, se cae o comete cualquier error, el niño activará la emoción del miedo.

El miedo segrega cortisol, y es entonces cuando la hormona del estrés y la amígdala comienzan a trabajar para ayudar al niño y defenderlo con el fin de que no se vea envuelto en tanto estrés. De esta manera se bloquea el aprendizaje y se activa un escudo de defensa contra los gritos. Este recuerdo será guardado en el niño como un recuerdo negativo, por lo que asociará montar en bicicleta con el sufrimiento para el resto de su vida.

De adulto tendrá que aprender a desaprender, para luego volver a aprender, y como padres y maestros sabemos lo difícil que esto puede llegar a ser.

 

¿Amas a tus hijos? Entonces hazles la vida más fácil

Las normas y los límites, los retos y las recompensas, los juegos y las risas, pueden ser más reconfortantes si nos esforzamos y, además, ayudan a aprender. Si quieres que tus hijos aprendan, ayúdalos a que relacionen cada momento de dificultad de sus vidas con retos que ellos mismos deban superar. Cada vez que los superen tendrán una autoestima más alta, un nuevo aprendizaje y amor hacia la experiencia vivida.

Un niño que relaciona su infancia con momentos felices, es un adulto feliz y seguro de sí mismo.




Autor: Almudena Orellana

Almudena Orellana es cofundadora del Proyecto educativo Bosque de Fantasías y escritora creativa y redactora jefe del mismo. Leer más

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