Cómo proteger a los niños del peligro

Conforme los niños se van haciendo mayores, los padres vamos siendo conscientes de que tarde o temprano habrá que ir otorgándoles licencias y depositar en ellos la confianza suficiente como para que puedan ir haciendo su vida y adquiriendo responsabilidades, sin miedo a que les pase nada. De antemano es necesario recordar que no se puede proteger a nadie del peligro al cien por cien, pues ni nosotros siendo adultos estamos a salvo de determinadas acciones o accidentes que en modo alguno dependen de nosotros.

Lo que sí podemos hacer es dotar a los más pequeños de las herramientas necesarias para que el día de mañana, cuando tengan que salir de casa y hacer cada vez más cosas solos, estemos tranquilos y tengamos la plena seguridad de que no correrán riesgos innecesarios y de que tomarán decisiones calmadas y reflexionadas.

 

Relaciones cercanas por el bien de la seguridad

Es normal que los padres y las madres se sientan inseguros cuando sus hijos son todavía pequeños o jóvenes, pues van viendo cómo van dejando poco a poco el regazo y la dependencia total, por una progresiva libertad individual y una necesidad (que irá en aumento) de explorar el mundo por sí mismos. Lo mejor en este tipo de situaciones es asumir que forman parte de la vida y que son naturales, para no caer en errores de sistema de crianza autoritarios y coercitivos, que en nada ayudarán al necesario crecimiento de un niño/a.

Concienciarse de que la vida es así y de que nuestros hijos cada vez nos necesitarán menos, evitará también disgustos y situaciones emocionales incontroladas destinadas a retener a los jóvenes o a coaccionar sus acciones. La confianza es la clave, así como educar desde el nacimiento a los más pequeños en la empatía y en la responsabilidad. Un niño que haya sido educado convenientemente bajo estos dos pilares principales, sabrá que no debe correr riesgos que afecten a su seguridad, pues tendrá siempre presente qué es lo más adecuado, lo que no, las consecuencias…y no deseará quebrar la confianza y la felicidad de su entorno familiar.

Ser padres que sepan escuchar siempre, que entiendan el dolor y las preocupaciones de sus hijos, que tengan en cuenta sus ideas y deseos, que les ayuden a expresar y a comprender sus emociones, así como a pedir ayuda sin temores ni vergüenzas…son algunas de las claves del éxito en el tema de la seguridad de niños y adolescentes. En este sentido, aplicar reglas básicas en el hogar centradas en la importancia de comunicarse, de comer juntos siempre, de expresar los sentimientos y comentar las vivencias, y de ayudarse unos a otros…permitirá que se cree un lazo entre todos los miembros de la familia y un nivel de confianza tan férreo, que será difícil de quebrar, a pesar de que los niños crezcan y se hagan mayores.

 

Otras pautas para prevenir situaciones inseguras

Educar a los hijos pasa también por informarles y explicarles las cosas para que puedan comprenderlas y ser conscientes de sus consecuencias, y hablar sobre las situaciones que encierran peligrosidad es algo completamente obligatorio. Esta información debe ser recibida por los niños desde su más tierna infancia y, sobre todo, debe ser respetada por los adultos que les acompañen. Éstas son solo algunas de las más importantes:

  • Enseñar a los niños la importancia de las normas de seguridad vial.
  • Fomentar la socialización y la relación con los otros.
  • Procurar fortalecer al máximo unos niveles sanos de autoestima.
  • Estar informados sobre amigos, padres y direcciones con fines de seguridad y no de control.
  • Educar en la confianza y empoderar a los niños en la seguridad en sí mismos.
  • Establecer filtros de control parental para el uso de dispositivos electrónicos e ir minimizándolos conforme avancen en edad, en independencia y madurez.
  • Informar sobre protocolos de seguridad en lugares públicos y teléfonos de emergencia.
  • Educar en el respeto hacia los demás al margen de su sexo, raza u orientación sexual y/o religiosa.

La comunicación entre las familias es muy importante y la responsabilidad debe comenzar por ser la norma en el mundo de los adultos. Si no se cumplen estas premisas de comunicación y de entendimiento en el seno de una familia, será muy difícil poder confiar en los hijos cuando echen a volar, y es que no habrán tenido el ejemplo suficiente. También debemos evitar el asumir siempre que, si los niños se meten en determinados problemas o situaciones de riesgo, se deba siempre a la influencia de los demás. Asumir que la adolescencia y la niñez son etapas de extrema vulnerabilidad  ante las influencias nos liberará de prejuicios innecesarios. Y es que se trata de prevenir situaciones de peligro futuras, y no de echar balones fuera o de mirar para otro lado si finalmente dichas situaciones se presentan.

Conseguir educar a los niños con el fin de que sean personas con capacidad de juicio y de discernimiento, ayudará a vivir, una vez los jóvenes cierren la puerta de casa, con mucha más tranquilidad.




Autor: Almudena Orellana

Cofundadora del Proyecto educativo Bosque de Fantasías, escritora creativa y redactora jefe. Leer más

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