La importancia de evitar el miedo al castigo

A veces, se relaciona el hecho de que un niño sea obediente con la buena educación que haya recibido por parte de sus progenitores, sin embargo, esto no siempre es cierto. Debemos analizar qué tipo de obediencia presenta un niño, ya que muchas veces ésta se debe a un estilo educativo autoritario, basado en la obtención del respeto ante las amenazas y represalias que pueden llegar a efectuarse si dicha obediencia no tiene lugar. Por ejemplo, si un padre o una madre amenaza a su hijo/a con encerrarle en la habitación si no se come toda la comida del plato, a la larga conseguirá por parte de su hijo una obediencia fingida, pues no significa que haya aprendido lo importante de comer bien, sino que habrá adquirido miedo a las consecuencias por no hacerlo.

Este tipo de educación puede tener graves consecuencias en el niño a la larga, como por ejemplo, el hecho de que termine pensando que solo hay que obedecer a aquél o a aquella persona que sea rígida y establezca castigos, y no a aquél otro progenitor que sea más indulgente o comprensivo y cariñoso. Esto es lo que nos lleva muchas a veces a hablar de “polis buenos” y “polis malos” entre parejas con hijos, y que no suele ser beneficioso, en ningún caso, para el desarrollo de los más pequeños.

 

Posibles consecuencias a la larga de educar en el miedo al castigo

  • Falta de libertad en el niño/a para elegir y decidir.
  • Conciencia del deber de obediencia a la figura autoritaria.
  • Presencia de miedos ante acciones, inquietudes y manifestación de deseos.
  • Conciencia de la importancia en la vida de la violencia y la tiranía.
  • Desarrollo de la personalidad con problemas de autoestima.
  • Incapacidad de vivir con autonomía y decisión propia.

 

Beneficios de no educar en el miedo al castigo

  • Conciencia de que todas las personas merecen respeto, y no solo las figuras autoritarias.
  • Libertad para vivir, experimentar y tomar decisiones propias.
  • Desarrollo de la personalidad sin frustraciones y sin miedos.
  • Conciencia de la responsabilidad y de la importancia de las normas.
  • Respeto a los compañeros y a las opiniones y decisiones de los demás.
  • Desarrollo de una personalidad sana y con plena conciencia del amor sin condiciones.

 

¿Qué podemos hacer entonces ante la falta de obediencia?

Es importante que los padres siempre sean conscientes de que es necesario que sus hijos sepan el porqué de las cosas, y que sus actitudes se conformen en torno a ello, y no en torno a las posibles represalias que puedan surgir.

Una de las cosas más importantes a la hora de llevar esto a cabo, es evitar los gritos en casa en la medida de lo posible. Sabemos que cuando uno se enfrenta a la crianza, muchas veces es difícil mantener el tipo, pues los niños pueden ser muy concienzudos y repetitivos en su actuar, queriendo siempre (o en la mayoría de las ocasiones) salirse con la suya. Sin embargo, el fin no justifica los medios, y a través de los gritos lo único que conseguiremos es que los niños no consigan manejar sus emociones propias y de manera calmada cuando les surjan, además de hacerles creer que las cosas se consiguen por la fuerza de la imposición. Es decir, que a través de los gritos, estaríamos consiguiendo justo lo contrario de lo que querríamos, fortaleciendo la desobediencia y el hecho de que los niños terminen saliéndose con la suya a base de réplicas.

Por eso es tan importante explicar a los niños el porqué de las cosas, desde que nacen (y aunque parezca que al principio no pueden entender nada de lo que les decimos), para que terminen entendiendo con el tiempo que los límites son necesarios para vivir en armonía y con seguridad y que sus padres no pretenden fastidiarles porque sí. Un niño debe comprender que hay que cruzar en verde el semáforo porque no hacerlo es peligroso para su vida, y no porque sí y punto, lo que desde luego implica, necesariamente, que los adultos prediquen con el ejemplo.

Respirar profundamente y serenarse es básico para poder educar en el respeto y no en el miedo, porque el cansancio suele ser el principal causante de que se terminen perdiendo los nervios y de que se recurra finalmente a las amenazas. Cuando deseemos que nuestro hijo haga o no algo, es importante que intentemos reforzar al mismo tiempo todo lo que esté haciendo bien, pues un niño necesita ver que sus padres le apoyan y le animan a progresar y a superar sus errores, lo que no se consigue regañando a diestro y siniestro, gritando, ni humillando las conductas erróneas en público.

Los niños quieren por encima de todas las cosas a sus padres, y buscan continuamente su ejemplo fijándose en sus comportamientos y normalizando y asumiendo sus conductas como propias. Las contradicciones y los castigos crean infelicidad y desasosiego en los más pequeños, que no logran comprender por qué saltar cuando están felices o no comer cuando no les gusta o no les apetece, puede conducirles a un castigo o a verse encerrados en su cuarto por aquellos a los que más quieren. Y tienen razón, porque no tiene ningún sentido y tan solo se debe a la falta de herramientas de aquellos que castigan para argumentar las cosas, o a otros motivos como el estrés, que al final también son ajenos a los niños.

 

Estilos de crianza basados en recompensas

En el lado opuesto a los castigos y a las amenazas se encuentran aquellos padres y madres que buscan tanto y con tanto tacto el consenso y la buena educación de sus hijos, que establecen tablas de recompensas a cada rato, con el ánimo de motivar a sus hijos a tener buenas conductas o a enfrentarse a las rutinas con mejor ánimo. Pero este estilo de crianza no está falto de peligrosas consecuencias, pues, aunque tiene muy buen fondo, lo cierto es que puede hacer que los niños se vean guiados a obrar correctamente tan solo en busca de regalos o recompensas que vendrán después.

No es que sea malo establecer recompensas, pero deben establecerse con límites y con la periodicidad adecuada, con el fin de que los niños no reciban el mensaje de que todo cuanto hagan tendrá un regalo, ya que el verdadero mensaje es que deben hacer las cosas por las razones a, b o c…y que de ellas dependerá su buen hacer, su responsabilidad y su desarrollo como personas en el mundo.

Ser conscientes de todas estas cosas y, sobre todo, ser consecuentes con nosotros mismos como adultos, nos garantizará el éxito en la crianza de los más pequeños, y les asegurará a ellos, al mismo tiempo, un futuro prometedor en un mundo de libertad, felicidad y respeto.




Autor: Jesús Falcón

Cofundador del Proyecto educativo Bosque de Fantasías, programador y desarrollador por excelencia, dedicado al mundo educativo y a su evolución.

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