Cómo ayudar a los niños a lidiar con la pérdida

La muerte de un padre, familiar, amigo, o incluso de una mascota, puede ser devastadora para un niño. Pero no solo eso, porque existen otro tipo de situaciones que pueden llegar a generar sensaciones parecidas, traumáticas, como puede ser la separación de los padres, un divorcio, un cambio de residencia, una enfermedad o un accidente de cualquier tipo.

 

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Todas estas situaciones pueden entrar dentro de la normalidad, dentro de esos reveses que de vez en cuando se nos presentan en la vida, pero lo cierto es que en la infancia se dispone de menos herramientas para afrontarlo, por eso los más pequeños necesitan la ayuda de los mayores cuando algo de esto ocurre. Afortunadamente existen determinadas acciones que se pueden llevar a cabo por parte de padres, familiares o incluso maestros en la escuela para ayudar a los niños a “sobrellevar la pérdida o un trauma”, y precisamente esta última frase es una de las claves para comenzar ese camino, el asumir que este tipo de situaciones no se superan, sino que se aprende a vivir para siempre con ellas.

 

 

Como podemos ayudar a los niños en estos casos

 

  • Reconoce el dolor del niño/a a través de palabras cariñosas, reconfortantes, de acciones amables y de apoyo incondicional. Siempre que sea posible, coordina con la familia (si no formas parte de ella) el hecho de que pueda y vaya a recibir mensajes consistentes. Ayuda a los padres a ver que proteger al niño de la verdad puede tener consecuencias negativas, como aumentar la confusión, el miedo o el resentimiento. Juntos, ayudad al niño a enfrentar la realidad usando un lenguaje simple y directo como, “murió” (si es que este es el caso), y no “se ha ido a dormir” o “se ha ido”.

 

  • Demuestra comprensión siendo compasivo y ofreciendo tu presencia tranquila y silenciosa. Si el niño comparte una emoción, reflexiona y valídala repitiendo el sentimiento. Por ejemplo, puedes decir: “eso es muy triste o ha debido ser muy difícil”, en lugar de decir “sé cómo te sientes”. Debemos tener en cuenta que esto no es útil porque uno nunca puede conocer realmente el dolor de otro. Usa libros si lo necesitas para informarte debidamente sobre la pérdida y los traumas en la población infantil, seguro que pueden servirte de guía.

 

  • Asegúrale al niño que los sentimientos de conmoción, tristeza, soledad, enojo, ansiedad, miedo y culpa son reacciones normales al dolor. En este punto debes también esperar ciertos comportamientos nuevos y proporcionar una salida emocional segura para los sentimientos negativos. Estas pueden incluir actividades como romper cosas sin valor (como unas revistas viejas), golpear una almohada, garabatear un papel, modelar y triturar arcilla o plastilina, escribir sentimientos, gritar o llorar. Hazle saber al niño o a la niña que es natural sentirse enfadado, pero que NUNCA está bien lastimar a otros aprovechando dicho enfado.

 

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  • Ofrece opciones productivas para que el niño participe en actividades diseñadas para ayudar en su proceso de curación. Estas pueden ser: escribir, leer, contar historias, hacer manualidades, plantar un árbol, hacer un libro de recuerdos o una caja del tesoro, rendir homenajes…etc.

 

  • Acepta que la experiencia de cada niño con la pérdida o el trauma es única y que sus reacciones serán intensas y cambiantes, así como diferentes, pero que precisan siempre de un reposo. Un niño afligido a menudo necesitará descansar y participar en actividades de juego y de ocio, ya que las emociones relacionadas con la pérdida o el trauma son muy poderosas y agotadoras a nivel psicológico. A medida que un niño pase por las etapas de desarrollo de la vida, estos sentimientos a menudo resurgirán, pero se trata de que ya haya adquirido determinadas herramientas como para ser capaz de “sobrellevarlo” de una mejor manera. En cualquier caso nunca debe forzarse nada, porque los intentos de acelerar el proceso de curación en casos de este tipo pueden ser perjudiciales.

 

  • Si se trata de un caso extremadamente grave que parece no avanzar, no dudes en buscar grupos de apoyo que enfrenten y trabajen circunstancias similares. Un grupo puede proporcionar aceptación, compañía y un entorno en el que las emociones y las preocupaciones puedan expresarse libremente. Si se dan periodos prolongados de cambio en el temperamento, la alimentación, el sueño y/o los intereses del niño, tal vez podría requerir de atención profesional adicional, lo que es del todo normal y no solo no tiene nada de malo, sino que es muy recomendable.



Autor: Almudena Orellana

Cofundadora del Proyecto educativo Bosque de Fantasías, escritora creativa y redactora jefe. Leer más

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