El cerebro del niño con TDAH

Pensar y actuar de la forma en que la sociedad considera correcta, puede ser un trabajo duro para algunos niños, como ocurre en el caso de aquellos que padecen TDAH. Superar un día normal puede llegar a ser una proeza basada en la pura resistencia para dichos niños, y es que, ciertamente, sus cerebros actúan de manera peculiar y pensar y discernir con auténtica claridad puede resultar ser algo complejo.

Ordenar los pensamientos, secuenciar las acciones, forzar al cerebro para que actúe y trabaje “en la línea adecuada” día tras día y hora tras hora…, es agotador. La simple rutina diaria de levantarse, vestirse, prepararse y salir por la puerta a tiempo cada mañana, puede equivaler a correr una maratón, y los padres y madres de niños con TDAH lo saben bien.

Sentarse y concentrarse, seguir las reglas, escuchar una clase sin moverse, o coger la información de los profes al estilo tradicional y monótono, puede terminar siendo, además de una proeza, algo muy frustrante y desmoralizador.

 

Un ritmo de vida…angustioso y agotador

Después de un día agotador en la escuela, los niños llegan a casa y tienen que emplearse entonces en las actividades programadas extraescolares o en hacer los deberes, obligando con ello a su cerebro a concentrarse todavía más para cumplir con las obligaciones y poder estar en la cama a la hora adecuada para descansar y empezar otro día más, otro día igual, sabiendo que al día siguiente habrá que levantarse para hacerlo todo de nuevo. Así cada día, semana tras semana y mes tras mes.

Todas estas rutinas tediosas, en el cerebro de un niño con TDAH, pueden ser interpretadas, sin temor a exagerar, con estar encerrado en una prisión, condicionando y agriando poco a poco su carácter y su forma de comportarse con los demás.

La menor decepción puede provocar un lamento de auténtico dolor y furia en estos niños. Y es lógico, porque debe ser agotador tratar de comprender y dar sentido a las cosas en un idioma que no es el tuyo. Actuar como un cuadrado cuando eres un círculo. Estarse quieto cuando tu cuerpo vibra con energía efervescente. Llegar a tiempo a todo cuando esa noción de tiempo va a un ritmo diferente en tu cabeza. Escuchar explicaciones largas cuando tus pensamientos saltan por todas partes casi a la velocidad de la luz.

 

La importancia de vivir felices y en libertad

La vida familiar puede resultar ser muy complicada cuando se convive con un niño o niña que sufre TDAH, y se hace más duro aún porque la sociedad es como es y no se adapta a una realidad que padecen solo “determinadas personas” y no todas.

Ciertamente, por más que duelan los hijos, el mundo no puede cambiarse ni puede romperse su linealidad, y su sistema educativo caduco (en la mayoría de lugares y centros) basado en ritmos antiguos que en nada favorecen el desarrollo del cerebro del niño con TDAH, aún tienen mucho que mejorar también. Pero como padres podemos hacer mucho por ellos y porque dicho ritmo social y de vida no les perjudique gravemente, como por ejemplo, simplificar las cosas y reducir o eliminar las cargas adicionales de trabajo o de actividades que les impiden ver la luz.

Busca horas de donde no las haya para salir al aire libre, disfrutar de un picnic en el campo, o de juegos en el parque junto a otros niños. Los niños con TDAH necesitan espacio y poder dar rienda suelta a su inquietud y a su imaginación casi más que cualquier otro niño, así que permite y fomenta su libertad para que jamás se sientan encarcelados. Porque si algo nos enseñan estos niños, es la importancia que tiene en la vida disfrutar de cada minuto y vivir con intensidad, felices y en libertad.




Autor: Jesús Falcón

Cofundador del Proyecto educativo Bosque de Fantasías, programador y desarrollador por excelencia, dedicado al mundo educativo y a su evolución.

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