Manejo de berrinches y conductas agresivas en la infancia

Manejar las conductas agresivas en nuestros hijos

Entonces tu hijo tiene dos años, quizás tres, quizás cuatro o más. El punto es que ya es mucho más independiente, no necesita tanto de ti como mamá o como papá como la hacía antes, tiene nuevos intereses, le gusta y se entretiene jugando sólo, aunque a veces le gusta hacerlo con amigos o contigo. Ya va a la escuela, tiene actividades extracurriculares y un montón de amiguitos de los que habla constantemente. Estás feliz y orgullosa/o de ver cuánto ha crecido y lo mucho que se ha desarrollado, de ver las nuevas habilidades que ha adquirido y cómo estas van cambiando a medida que crece. Sin embargo, hay algo que no te llena de tanta satisfacción, algo que te hace sentir avergonzada cuando sucede en público y abrumada cuando pasa en privado porque no sabes cómo manejarlo. Has notado que tu niño hace berrinches constantemente cuando no consigue lo que quiere, cuando sus necesidades no son satisfechas inmediatamente, o cuando no recibe la atención deseada. Del colegio, la maestra te refiere que ha estado envuelto en altercados con algunos compañeros, y que ha mostrado ciertas conductas agresivas, muerde, pega, escupe, etc. Te agobias y no sabes que hacer, te preocupas por el que dirán las mamás de esos niños, recurres a los castigos para hacerlo entrar en razón, pero cada vez te funcionan menos, y finalmente te quedas sin estrategias para manejar la situación.

Pues note agobies mamá o papá, no eres la/el única/o que está pasando por esta situación. Como tú, hay millones de madres y padres alrededor del mundo viviendo lo mismo, y sintiéndose igual que tú, estresados, agotados, abrumados e indefensos. Como la mayoría de las situaciones en nuestra vida, el meollo del asunto no está en preocuparse, sino en OCUPARSE. Es normal que los niños pasen por estas etapas, incluso la mayoría de los niños lo hacen, algunos a más temprana edad que otros, en algunos es una simple etapa que con el tiempo desaparece, en otros pueden parecer señales de comportamiento disruptivo, sin embargo lo que es común en todos, es que puede manejarse y pueden mejorar.

 

conductas agresivas

 

Regularmente, cuando los niños hacen berrinches, pataletas, lloriqueos o presentan conductas agresivas o disruptivas en su día a día, lo hacen porque detrás de eso hay alguna necesidad no satisfecha que necesita ser atendida. Pasa que, la mayoría de los niños, sobre todo a edades tempranas, no poseen las estrategias necesarias para expresar adecuadamente sus emociones, porque no poseen los recursos ni verbales ni emocionales para expresar determinada emoción, porque no poseen la madurez necesaria para afrontarla y lograr calmarse, y porque realmente, no saben ni siquiera identificarlas, no saben cuáles son positivas, cuáles negativas y cuáles neutrales, y por ello recurren al llanto, los gritos, las pataletas, los golpes, los mordiscos, etc., para expresar su frustración, rabia, tristeza, estrés e incluso en ocasiones, hasta la alegría. Es nuestro deber como padres entonces, enseñarles formas más positivas de expresar lo que están sintiendo, partiendo de la identificación de sus emociones, y cómo estas los dominan.

En primer lugar, la comunicación es lo más importante. Muchas veces tendemos a pensar que porque son niños y son pequeños, no son capaces de entender muchas cosas, cuando realmente no es así. En la mayoría de las ocasiones, si utilizamos un lenguaje adaptado a su edad, momento evolutivo y capacidad de comprensión, veremos cómo estos niños pueden entendernos e incluso aportar ideas ellos mismos. Comienza por hablar con él acerca de sus emociones, en momentos en los que no esté alterado, y puedas captar su atención. Hazlo de una forma llamativa de manera que ellos se sientan interesados, actualmente existen una gran cantidad de recursos a nuestro favor como lo son cuentos, videos, películas, e incluso las comiquitas favoritas de nuestros niños pueden servirnos. Explícale lo que son las emociones, apóyate con recursos visuales, pueden ser cartas de emociones que consigas en tu localidad, dibujos que descargues de internet, o incluso puedes hacerlos tú misma. Muéstrale las emociones básicas, alegría, tristeza, miedo, rabia, frustración, etc. Hazle preguntas para mantenerlo interesado, pregúntale cómo se siente su cuerpo cuando siente alguna de estas emociones, qué cosas siente que quiere hacer cuando se siente triste o enojado, y qué otras alternativas podrían ocurrírsele.

 

malas conductas

 

Incluso puedes apelar por el juego de roles, es una estrategia muy divertida para los niños y sumamente efectiva. Pueden jugar a disfrazarse e inventar alguna escena en donde se presente algún problema que deban solucionar, o representarla con títeres o muñecos. Podrías plantearle situaciones como: “EL Sr. Mono estaba jugando con su pelota favorita, llegó el señor Conejo a quien le gustó mucho la pelota, y sin pedirla, la tomó. Esto hizo enojar mucho al señor Mono…” y seguir a partir de allí, puedes preguntarle: ¿Qué crees que hizo el Sr. Mono cuando se enojó?, ¿Cómo podría haberlo manejado?, ¿Cómo se sentía el cuerpo del Sr. Mono cuando estaba enojado?, de manera que él o ella proyecten sus propias acciones y sentimientos en lo que están interpretando. Te darás cuenta de que es una herramienta valiosa, y que es sus propias verbalizaciones, encontrarás las respuestas a la mayoría de los comportamientos que te preocupan.

Cuando se trata de seguir órdenes, que es otro punto en el que los niños normalmente se molestan ya que no les gusta que les digan lo que deben hacer, ofrécele alternativas y ten la disposición de negociar con él, además, disminuye el uso del NO. Por ejemplo, en lugar de decir “Ve a bañarte y luego vienes a cenar”, podrías decir “¿Prefieres bañarte o cenar primero?”, en lugar de decir, “No saltes en la cama”, que te parece decir: “Mi amor, veo que te gusta mucho saltar, qué te parece si lo hacemos acá en la alfombra para evitar que puedas caerte”. Por último, ayúdalo tú a encontrar formas más positivas de expresar sus emociones, se empática/o con ellos, recuerda que detrás de todo “niño difícil” hay una emoción que necesita ser descargada y no sabe cómo hacerlo o cómo expresarla. Ayúdalo a entenderla, canalizarla y solucionarla, ya que el o ella necesitarán de tu apoyo en lugar de las etiquetas.







Autor: Bosque de Fantasías

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