Paciencia, la clave para una gestión eficaz del aula

La paciencia es el arte de esperar tranquilamente a que los resultados lleguen con el tiempo, mientras se hace lo necesario por conseguir a un mismo tiempo los objetivos. Es decir, que no se trata de no hacer nada, sino todo lo contrario, por lo que es muy importante y necesario permanecer activos. Hay que entender, sin embargo, que los resultados no siempre son inmediatos y que mientras se espera a que lleguen hay que sentirse en paz y satisfecho con uno mismo. Y es que, la gestión eficaz del aula no siempre consigue resultados inmediatos, por lo que hay que esperar. ¡No olvidemos que es un proceso en el que intervenimos los humanos y cometemos errores!

Además, cuando las estrategias se aplican con conciencia y amor no siempre tienen resultados inmediatos, pues es posible que sea mucho más inmediato funcionar con castigos o con restricciones. Sin embargo, el amor consigue resultados mucho más duraderos en el tiempo, y por si esto fuera poco contribuye a la mejora de la autoestima, de la autodisciplina y de la formación en valores a largo plazo.

 

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Por eso, y para que puedas cultivar aún más toda esa paciencia que pones cada día en el aula, hemos querido resumir en este artículo las estrategias más eficaces existentes para la gestión del aula y que necesitarán de esa paciencia que tienes para observar los resultados de dicha gestión poco a poco.

 

 

Estrategias para una gestión eficaz del aula

 

  • Ser claro en los objetivos y estimular la autonomía

El docente debe esmerarse en dejar claros los objetivos que se persiguen en el aprendizaje y en mantenerse abierto también a la hora de poder incorporar las estrategias que elija el alumno para su trabajo diario. Esta es una forma de incentivar la autonomía del estudiante. Algunos profesores invierten mucho tiempo en explicar el proceso y dar a conocer su propia estrategia para llegar a los resultados esperados, pero esto simplemente asegura que el alumno recorrerá el mismo camino que su docente y no el suyo propio, y no estará contribuyendo con ello al pensamiento crítico ni a la autonomía de los estudiantes. Es posible que el alumno pierda más tiempo encontrando su propia estrategia, por eso el docente debe tener paciencia y esperar a que lleguen los resultados.

 

  • Dirigir gestos amables a los alumnos

Los gestos amables dirigidos al alumnado, tales como mirarles cuando hablan o exponen, interesarse en los trabajos que realizan más allá de corregir, dedicar una palabra amena cuando hacen algo positivo, o dar un reconocimiento en público a los avances de cada uno, son todos gestos amables que tienen consecuencias muy positivas en el comportamiento de los estudiantes y que deberías tener en cuenta. Todos estos ejemplos y muchos otros son gestos que transmiten amor y respeto y, por lo tanto, aunque algún alumno parezca más rezagado es muy posible que también reciba dichos gestos amables como un estímulo y una buena dosis de motivación para seguir adelante, por lo que responderá con amor y respeto también a la larga aunque no sea de manera inmediata.

 

  • Cumplir tu palabra para fomentar la responsabilidad

No hay mejor forma de fomentar la responsabilidad que estableciendo disciplina con la palabra. Si se dice algo importante que hay que cumplir, debe informarse también sobre los premios y las sanciones correspondientes. Más tarde, y si llegado el momento se cumple con lo prometido, se estará transmitiendo al estudiante el valor de la responsabilidad y de la palabra. Y es que, no hay un hecho que corrompa más los cimientos de la responsabilidad que olvidarse de todo aquello que se promete. Es decir, que el hábito de esta cualidad por parte de los docentes llevará a los alumnos a confiar y a desarrollar la responsabilidad propia con el tiempo.

 

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Podemos ver, en definitiva, que los grandes cambios a conseguir en la búsqueda de una gestión eficaz del aula que dé resultados positivos en cuanto al aprendizaje y a las cotas de trabajo marcadas, no se producen en un momento. Por eso todos esos valores que se pretenden en los alumnos, como la motivación, la lucha y el esfuerzo, deben ser tenidos también en cuenta por los propios docentes en sus planeaciones y en el establecimiento de sus dinámicas diarias. Y es que, al igual que ocurre cuando se planta una semilla, solo con cuidado, tesón y paciencia, podrá llegarse a recoger el fruto de una gestión del aula verdaderamente útil y poderosa.

 




Autor: Jesús Falcón

Cofundador del Proyecto educativo Bosque de Fantasías, programador y desarrollador por excelencia, dedicado al mundo educativo y a su evolución.

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