Cómo educar niños optimistas con el frasco de la felicidad

En la actualidad están muy de moda las frases ultra positivas en cualquier contexto y situación, así como los mensajes y los libros enfocados en el hecho de que los pensamientos positivos hacen triunfar a las personas y vivir de una forma mucho más feliz que al resto de los mortales. Esta idea tiene mucho de cierto, pero es fundamental, si lo que pretendemos es educar a los niños en el optimismo, que nos alejemos de ese concepto tan poco verdadero que es el de que será mucho más feliz, solo porque sí, aquél que logre ver la vida a través de los ojos de un unicornio.

Sin embargo, aunque es muy importante vivir con los pies en la tierra, sí que es bueno que los niños se desarrollen y crezcan en el optimismo y en la positividad, y que puedan trabajar en ello con distintas herramientas y con el fin de que dicha forma de pensar no les desaparezca con el tiempo, cuando los problemas cada vez vayan siendo más frecuentes y cargados de seriedad con el paso del tiempo.

En este sentido, la filósofa y escritora Elsa Punset (hija del reputado científico Eduardo Punset), elaboró y publicó su libro llamado “El libro de las pequeñas revoluciones”, centrado en la importancia que tiene educar a los niños “en positivo”. El libro nos va informando sobre una anomalía existente en el cerebro humano, que nos lleva a recordar con más frecuencia y durante mucho mayor tiempo, aquellas cosas que nos han puesto tristes, nos han salido mal, o nos han conducido a estados depresivos o de decepción. Son cosas que forman parte de la vida y no se trata de negarlas o de hacer como que no han ocurrido, porque de ellas también se aprende y mucho; se trata, en realidad, de adiestrar a nuestro cerebro para que también dé relevancia a las cosas buenas que nos ocurran, esas que nuestro cerebro tiende a olvidar con mayor facilidad.

 

El frasco de la felicidad, guardián de los buenos recuerdos

Tendemos a asociar la felicidad a grandes ocasiones y situaciones de enorme calado, como puedan ser las vacaciones, los premios o el dinero. Sin embargo, la felicidad puede encontrarse también en los pequeños momentos, en escenas tan cotidianas que a nuestro cerebro le resulten casi imperceptibles, pero que están ahí y con mucha mayor frecuencia que esos grandes momentos de felicidad que tanto ansiamos y que nos conducen, sin darnos cuenta, a la frustración, al desánimo y a la infelicidad.

Ser observadores con nuestro entorno es crucial para poder apreciar todos esos detalles que permiten que nuestro día a día sea mejor o peor, como que nos den los buenos días por la mañana, que nos dediquen una sonrisa al sujetar una puerta para que alguien pase, que nuestra familia esté bien, salir a disfrutar del aire libre con nuestros padres o abuelos, degustar una rica comida, ver una buena película en una sala de cine…y que son los que menos cuestan y los que verdaderamente nos hacen felices cada día casi sin darnos cuenta.

El frasco de la felicidad que Elsa Punset nos presenta, es tan sencillo como pueda serlo un bote que tengamos por casa y que ya no usemos, o una caja. En definitiva, un recipiente que nos sirva para almacenar durante un año los momentos buenos que nos sucedan, esos que nos alegren el día por un momento o que nos hagan sonreír: un café compartido, un desayuno especial, un abrazo, unas palabras bonitas, un examen aprobado, un paseo soleado, mojarse bajo la lluvia…Todas esas situaciones pueden anotarse en un papel y almacenarse en el frasco de la felicidad para que, cuando estemos pasando por momentos bajos, o queramos hacer recuento al término del año de todas aquellas cosas que nos hayan pasado, podamos hacer memoria y darnos cuenta de que también nos pasaron cosas buenas y no solo malas (recordemos la tendencia de nuestro cerebro a quedarse solo con lo negativo y con el dolor).

 

¿Qué puede aportar el frasco de la felicidad a los niños?

Cuando somos mayores cuesta mucho más cambiar nuestra forma de ser y de pensar, pero los niños son moldeables al encontrarse en el inicio de su desarrollo y de su personalidad, y la técnica del frasco de la felicidad de Punset puede servirles, en este sentido, para adiestrar su cerebro y entrenarlo en el optimismo y en la positividad. No se trata, como decíamos, de que vivan en una nube o de abstraerles de la realidad, pues por más actitud positiva que se tenga en la vida habrá problemas y malos ratos, sino que se trata de que puedan aprender a canalizar esos malos momentos mejor, y a sentirse afortunados al valorar cada momento positivo que les rodee.

El frasco de la felicidad podrá aportarles serenidad, buenas sensaciones, esperanza…y, además, les servirá de utilidad para potenciar habilidades como el análisis y la reflexión personal, así como valores como la gratitud o la calma y la tranquilidad.

Cuando el frasco esté repleto de papelitos y mensajes, será el momento de abrirlo y de disfrutar de la lectura de cada uno de esos instantes y pedacitos de felicidad que envolvieron y dieron forma a los días del pasado. Hacerlo en compañía de la familia puede ser una terapia excelente para reflexionar entre todos sobre cuáles son, verdaderamente, los momentos que conforman la felicidad, y en qué medida nos acompañan.

En definitiva, es una rutina sencilla y excelente para mejorar el estado de ánimo y la salud, capaz de ponernos a nosotros mismos frente a un espejo para ver si somos demasiado duros o no con nuestra propia piel. Una terapia que a los niños les parecerá un divertido juego y que, a la larga, logrará sacar de ellos la mejor de las actitudes posibles ante las vicisitudes ineludibles de la vida.

Y tú, ¿ya tienes preparado tu frasquito de la felicidad para llenarlo de grandes momentos?




Autor: Jesús Falcón

Cofundador del Proyecto educativo Bosque de Fantasías, programador y desarrollador por excelencia, dedicado al mundo educativo y a su evolución.

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