Educación Montessori ¿por qué elegirla?

María Montessori, una de las educadoras más importantes del pasado siglo, enfatizó la necesidad de una educación temprana y centrada en las verdaderas necesidades del niño.

 

¿Qué es el Método Montessori?

Montessori es una filosofía y un método de educación que enfatiza el potencial del niño y desarrolla dicho potencial utilizando maestros especialmente capacitados y materiales de enseñanza especiales. Un método que cuenta con más de 75 años y ha logrado reconocimiento y éxito a nivel mundial.

Montessori reconoce en los niños una curiosidad natural y un deseo de aprender. Los materiales utilizados en este proceso de enseñanza despiertan ese deseo y canalizan la curiosidad hacia una experiencia de aprendizaje que los niños sean capaces de disfrutar. Los materiales Montessori ayudan a los niños a entender lo que aprenden al asociar un concepto abstracto con una experiencia sensorial concreta. De esta forma, el niño Montessori está aprendiendo y no solo memorizando. El método Montessori hace hincapié en que los niños aprendan y progresen a su propio ritmo, con el fin de que ni los más rápidos ni los más lentos puedan sentirse frustrados.

La filosofía Montessori se enfoca en definitiva en las necesidades de los niños, pero en aquellas relacionadas con el proceso de desarrollo y aprendizaje. Así mismo, sus teorías educativas se basaron en la forma en que un niño/a debe desarrollarse de manera natural y educarse en un sistema que atienda a dicha realidad.

 

Una educación centrada en los niños

María Montessori creía que ningún ser humano es educado por otra persona en realidad, porque la gente puede llegar a enseñarse a sí misma. Por ejemplo, una persona verdaderamente educada continuará aprendiendo aun después del colegio, porque está motivada desde su interior por una curiosidad natural y por el propio amor hacia el conocimiento. Por ello, Montessori sintió que el objetivo de la educación temprana no debía ser llenar a los niños de ideas y de estudios predeterminados, sino cultivar el deseo natural por aprender. Los experimentos de Montessori hicieron del niño el centro de la educación y hoy, su programa y su mensaje, continúan adaptados a los intereses y necesidades de los niños.

Este tipo de educación permite que los niños se concentren con entusiasmo y motivación,  así como que logren una comprensión real y profunda de su trabajo. Este progreso intelectual, a su vez, está acompañado por el crecimiento emocional, lo cual es muy importante, pues permite que los niños disfruten del movimiento, que sean independientes, honestos y generosos.

Además, Montessori descubrió que durante el crecimiento de los niños existen diversas sensibilidades y características que guían el desarrollo físico y mental. A estas fases de crecimiento las llamó “períodos sensibles” y son reconocibles, por ejemplo, a través del intenso interés que a veces los niños muestran por ciertas experiencias sensoriales y abstractas. A su vez descubrió que las sensibilidades constituyen necesidades verdaderas en el niño y que son universales para todos ellos.

 

El papel del maestro en la educación

La función del maestro en un aula con este sistema de aprendizaje difiere considerablemente de la del maestro tradicional, y Montessori prefirió llamarles “directores”. La directora o el director, debe poner a los niños en contacto con el mundo en el que viven y darles las herramientas necesarias para enfrentarse al mundo. El maestro o director es, ante todo, un observador agudo de los intereses y necesidades individuales de cada niño, y su plan diario procede de sus observaciones, en lugar de un plan de estudios predeterminado. Esta forma de proceder demuestra el uso correcto de los materiales, que son elegidos individualmente por los niños, y derivan en la observación cuidadosa del progreso y el registro del mismo. El desarrollo total individual de los niños, así como su progreso hacia la autodisciplina, es guiado cuidadosamente por el director/a, que prepara el ambiente, dirige las actividades y ofrece a cada niño la estimulación necesaria. El respeto mutuo del estudiante y la guía del maestro es, en definitiva, el factor más importante en todo este proceso.

 

Cómo funciona el aula Montessori

El aula Montessori ofrece a los niños la oportunidad de elegir entre una amplia variedad de materiales calificados. El niño puede crecer a medida que sus intereses le guían de un nivel de complejidad a otro. Se puede trabajar también en grupos compuestos por individuos de diferentes edades, habilidades, culturas e intereses, lo que permite a los niños más pequeños una serie de modelos de imitación y a los mayores la oportunidad de reforzar su propio conocimiento ayudando a los más jóvenes.

Las aulas Montessori ofrecen unos quinientos materiales didácticos de autoaprendizaje únicos, válidos para diferentes niveles de habilidad, que son manipulados por los niños en vivo y en directo. No son “ayudas didácticas” en el sentido tradicional, porque su objetivo real no es el de enseñar habilidades a los niños o impartir conocimientos, sino el de ayudar al desarrollo mental y a la autoconstrucción del niño. El aula Montessori ayuda a ese crecimiento proporcionando estímulos que captan la atención del niño e inician un proceso de concentración. Luego, los niños usan los materiales para desarrollar la coordinación, la atención por los detalles y los buenos hábitos de trabajo.

Cada niño se enseña individualmente y trabaja a su propio ritmo y a su propio nivel. De esta forma, se cree que los niños tienen la oportunidad única de descubrir su verdadero potencial. Además, el niño desarrolla también los elementos principales del carácter: libertad, concentración, independencia, autodisciplina, industria, sentido de la realidad…en una atmósfera de plena cooperación.

 

Otras consideraciones sobre las escuelas Montessori

El mejor momento para comenzar la educación de un niño es durante los primeros años, desde los 2, aproximadamente, que es cuando se forma la mayor parte de la inteligencia y las características sociales del niño, dado que el 50% del desarrollo mental ocurre antes de los 4 años. En una escuela Montessori los niños aprenden a pensar en patrones lógicos y a lidiar con la realidad, lo cual es una buena forma de conseguir que se enfrenten con éxito a los complejos desafíos del mundo el día de mañana.

Esta filosofía permite a los niños experimentar la emoción de aprender por sus propias elecciones, y es que Montessori observó que era más fácil para un niño aprender una habilidad particular durante el “período sensible” correspondiente que en cualquier otro momento de la vida, unos períodos en los que se tiende a mostrar una intensa fascinación por alguna habilidad particular. En este sentido, la filosofía Montessori permite a los niños la libertad de seleccionar actividades individuales que correspondan a sus propios períodos de interés y ritmos de progreso. Un niño que adquiere las habilidades básicas de lectura y aritmética de esta manera natural, tiene la ventaja de comenzar la educación sin pesadez, aburrimiento o desaliento.

Además, el estilo educativo basado en Montessori posee un enfoque multifacético para la lectura y la ortografía, que incluye el enfoque fonético y de la vista además de la codificación por colores de los materiales, lo que permite a los niños moverse a su propio ritmo. Las cajas de comando y los materiales de gramática móvil estimulan el interés de los niños y los ayudan a realizar tareas más difíciles.

Por otro lado, el enfoque concreto de Montessori dirigido a las matemáticas permite una comprensión clara y simplificada de nuestro sistema numérico. Los materiales aíslan la dificultad y existe un control de error, con lo que el niño puede realizar el trabajo con la mínima interferencia del adulto y recibir, en consecuencia, la satisfacción que da la realización personal.

 

El importante concepto de libertad de María Montessori

El entorno Montessori incluye un buen equilibrio entre estructura y libertad, y se observa en la amplia variedad de caminos constructivos que existen para elegir. Los niños adquieren las habilidades y las herramientas necesarias para lograr sus elecciones y se les enseñan los valores sociales que les permiten tomar dichas decisiones ilustradas. Y es que la libertad no implica ser capaz de hacer lo que se quiera hacer, sino ser capaces de distinguir lo que es constructivo y beneficioso y llevarlo a cabo.

Los hábitos y habilidades que un niño desarrolla en una clase Montessori pueden durar  toda la vida, y así lo sostenía María Montessori al afirmar que “la educación es una ayuda para la vida”. Y no es para menos, pues la filosofía Montessori estaba basada en  el desarrollo de la concentración, la autodisciplina, el amor por el aprendizaje y las habilidades sociales, valores que preparan a cualquier persona para diferentes entornos y situaciones que terminarán presentándose por el camino de la vida.

El aula y la educación Montessori son una tierra llena de oportunidades para el niño y un lugar donde crecer independientes y alegres. Algo digno de consideración y respeto.




Autor: Jesús Falcón

Cofundador del Proyecto educativo Bosque de Fantasías, programador y desarrollador por excelencia, dedicado al mundo educativo y a su evolución.

Comparte este artículo en

1 Comentario

  1. Realmente el método Montessori, tiene un especial énfasis en la preparación de la guía (educadora) montessori, es ella la que piensa en cada detalle en la organización y preparación de un aula montessori y en el día a día que irán haciendo sus descubrimientos los niños y niñas, en las distintas áreas de aprendizajes.

    Publicar una respuesta

Envía un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *