Consolar, dar mimos y abrazar no es malcriar, es amar

Consolar, dar mimos y abrazar, son formas de prestar atención a la llamada de un niño/a, especialmente cuando no hablan. Pero para algunos, esta demostración de afecto y atención puede ser interpretada como una manera de malcriar a los bebés. Para otros, sin embargo, es la manera natural de brindar afecto a un hijo que aún es indefenso, un requerimiento necesario en la educación infantil para crear niños más seguros y felices.

En lo que sí coinciden ambas posturas es en que un “exceso de atención” en niños mayores de 2 años sí que puede perjudicar la personalidad de los más pequeños, y tienen algo de razón, pues un exceso de atención en niños mayores de dos años en ocasiones puede generar apegos perjudiciales, así como la necesidad de aprobación por parte de la figura materna o paterna de todo lo que se haga. De esta forma, se constituye el caldo de cultivo perfecto para originar inseguridad y poca claridad en momentos de toma de decisiones, por lo que sin duda todo niño deberá pasar.

 

abrazar no es malcriar, es amar

 

Pero hablemos de los niños menores de dos años, ¿es malcriar el consolarles, darles abrazos y mimos?

 

Importancia de consolar y mimar a niños menores de dos años

Los niños menores de dos años necesitan mimos y abrazos para crecer sanos, por lo que jamás son excesivos. De hecho, muchos especialistas destacan que los bebés buscan llamar la atención a través del llanto, pues es la única forma que tienen de expresar su dolor físico o emocional. Este último, ocasionado muchas veces por un factor de inseguridad natural ante su entorno, de manera que, dejar llorar a un bebé y no acudir a su llamada, podría generar en él un estado de alteración profunda que ocasione estrés y ansiedad.

Además, abrazar, consolar y dar mimos a los niños pequeños es parte del proceso de la construcción de su personalidad, y tanta es su influencia que, si a una persona se le permite llorar sin ningún tipo de atención durante su primera etapa de vida, puede que dicha persona se vaya forjando y visualice el mundo como un lugar hostil, sintiéndose insegura frente a las oportunidades que se le presenten. Esta reacción puede contrastarse de manera inmediata frente a otro niño seguro, que es más que probable que sí que fuese consolado, abrazado y mimado durante su infancia.

La primera clase de apego seguro que puede sentir un bebé se presenta cuando la madre toma a su hijo por primera vez, acto seguido de su nacimiento. A partir de ese momento, los lazos afectivos se comienzan a construir entre ambos, sin la necesidad de alcanzar un contacto visual. A medida que el niño va creciendo, la consolidación de los lazos se va haciendo determinante, siendo el primer contacto visual el siguiente avance. Ahora bien, es importante tener claro que esta etapa es vital para los bebés que aún están tomando contacto con el mundo y su alrededor, pues a partir de los dos años los niños van necesitando su nivel propio de independencia como factor decisivo para su desarrollo físico y emocional.

 

¿Cómo reconocer cuando un niño está “sobre” atendido o malcriado?

Un niño “malcriado” es capaz de manipular el comportamiento de las personas de su alrededor llamando la atención. Esta conducta no nace per sé, sino que, a través de la observación, el niño la va descubriendo aplicando los principios del método de ensayo y error. Cuando esto ocurre es porque el niño tiene conciencia, puede hablar y puede valerse por sus propios medios. Un ejemplo claro del niño sobre atendido es aquel que, al negársele un caramelo que desea, por ejemplo, comienza a llorar de manera descontrolada para llamar la atención no solo de sus padres, sino de todo aquel que esté presente.

Esta situación puede ir agravándose, ocurriendo incluso escenas violentas por parte del niño que solo busque una respuesta positiva ante su petición. Ceder ante esta situación, tan solo para que el niño se calme, genera un aprendizaje errado de “si lloro consigo lo que deseo”. Así, cada vez que desee algo y le sea negado, repetirá la escena para alcanzar sus objetivos.

 

consolar y dar mimos

 

Pero ojo, debemos tener presente que esta reacción desmedida en los niños mayores de dos años no se deriva directamente de los mimos, abrazos y distintos consuelos que puedan brindársele cuando realmente lo necesiten, sino de otros aspectos como la falta de límites. ¡Esto es importante! Porque las rabietas son una reacción provocada por una acción equivocada generalmente por parte de los padres, y es que los límites siempre hay que ponerlos para no crear niños malcriados y desobedientes. Así que…¡No dejemos los mimos de lado cuando el comportamiento sea el adecuado o cuando un niño sea tan chiquitito que se sienta en el cielo en brazos de mamá y papá! Y es que, ¿acaso puede haber un lugar mejor que ese?




Autor: Jesús Falcón

Cofundador del Proyecto educativo Bosque de Fantasías, programador y desarrollador por excelencia, dedicado al mundo educativo y a su evolución.

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