Por qué la crianza pacífica podría cambiar el mundo

Las ideas sobre la paternidad y/o crianza pacífica son muy diferentes de otros tipos de prácticas de crianza existentes, y que sea una de las que menos se escuchan tiene su explicación, pues es más difícil practicar la crianza pacífica que recurrir a pueriles métodos como el de amenazar o sobornar a los niños para que sigan nuestras instrucciones o tomen las decisiones que sus padres consideren correctas. Pero, ¿cuál es la diferencia exacta entre la crianza pacífica y el resto de métodos educativos?

 

 

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Crianza pacífica vs. Crianza tradicional

Los seres humanos estamos, de alguna manera, motivados internamente. Esto quiere decir que los niños, así como los padres, hacen las cosas que hacen porque algo sucede dentro de ellos o les incita a hacerlo. El mundo del exterior, a su vez, y al margen del estilo de crianza o educativo que unos padres quieran imponer en una casa, también da información y motiva acciones en los más pequeños. Informaciones, de uno y otro lado, que los niños van incorporando y utilizando para decidir qué es lo que van a hacer en cada momento.

Entonces, si por ejemplo pedimos a nuestros hijos de forma categórica que vengan ya a cenar, los niños escucharán la solicitud y procesarán la información. Dicha información afectará a los niños de diferente forma, pues el resultado se verá condicionado por lo que esté sucediendo en su interior. Es decir, que si un niño está tranquilamente en su habitación hablando con sus amigos por el móvil o escuchando música, puede ser que no responda a la llamada de sus padres para la cena al instante o que incluso se enfade. En el lado opuesto, si un niño está haciendo algo que no le motiva demasiado y/o tiene hambre, correrá al salón para incorporarse a la cena. En el primer caso no significa que el niño o niña desee desobedecer sin más, sino que se encuentra realizando alguna acción que considera importante y por eso no consigue obedecer de forma inmediata.

Se da la creencia en muchos adultos y padres, de forma específica, de que si no se responde inmediatamente al requerimiento que un padre le hace a su hijo es que no se comporta bien o que le gusta desafiar. Pero, contrariamente a lo que la crianza tradicional haya infundado en el ideario colectivo, lo cierto es que los niños no pueden ser manipulados ni controlados con el fin de que se comporten como nosotros queremos.

 

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Las personas en general, sean o no mayores, no son fácilmente controlables, de hecho, la necesidad de controlar a los demás puede llevar a que los otros se resistan todavía más solo por el hecho de notar esa presión y necesidad de control. Y es que, si lo pensamos bien, rápidamente nos daremos cuenta de que si la gente fuera tan fácilmente manipulable y controlable, todos lo seríamos de igual forma, no solo los niños por el hecho de serlo.

Por ejemplo, tenemos la capacidad de resistirnos a las grandes campañas de publicidad que nos sacuden por todas partes. Decidimos normalmente comprar un artículo porque lo necesitamos o porque nos gusta, y no por el simple hecho de ver una campaña publicitaria. Del mismo modo, tenemos la capacidad de seguir confiando en nuestros hijos y de seguir amándoles a pesar de que a veces puedan desafiarnos con frases fatídicas como un “te odio”. Que un hijo nos ponga entre la espada y la pared a veces, no implica que perdamos los papeles y nuestra capacidad de razonar. Entonces, ¿por qué pensamos que es de otra manera con los niños? El hecho de que nuestros hijos sean más pequeños, menos experimentados y más jóvenes, no significa que sean más fáciles de controlar o manipular utilizando recompensas o castigos externos.

 

 

Crianza pacífica, la clave para un futuro mejor

La paternidad pacífica significa que un adulto es capaz de comprender que sus hijos están motivados internamente, y como consecuencia de su propia genética, en torno a aspectos como la seguridad, el amor, el poder, la diversión o la libertad. Practicar la crianza pacífica significa que somos capaces de entender esto y de huir de los castigos, los reproches y la manipulación tan solo por el hecho de ostentar un mayor “poder” como padres.

Tanto los padres como los niños experimentan en la vida la necesidad de control, por el simple hecho de que los humanos nacemos con esa necesidad de poder en mayor o menor grado. Afortunadamente, también nacemos con una gran capacidad de amor, y es ese sentimiento el que debe mantenernos conectados los unos con los otros y huir de esa idea de crianza obsoleta, estricta y rancia que cae continuamente en la lucha de poder. Huir de esto puede que sea más difícil y más desafiante, pero también es mucho más gratificante que tratar de controlar sin más a nuestros niños usando ideas o métodos negativos. La crianza pacífica es más respetuosa con las capacidades de los niños y busca la confianza y el respeto necesario para que los más pequeños puedan aprender lo necesario y convertirse en adultos responsables con el tiempo y en libertad, sin miedos.

 

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Este tipo de crianza nos lleva a practicar, necesariamente, esa inteligencia emocional que es tan importante para relacionarnos entre todos y dar forma a un mundo mejor, capaz de empatizar y de ponerse en la piel de los otros. Por eso la crianza pacífica, si se diera en todas partes, podría crear la energía necesaria no solo para la mejora de la paternidad y del buen ambiente en casa, sino el combustible necesario también para cambiar a mejor poco a poco el mundo.

 




Autor: Jesús Falcón

Cofundador del Proyecto educativo Bosque de Fantasías, programador y desarrollador por excelencia, dedicado al mundo educativo y a su evolución.

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