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Qué es el aprendizaje multisensorial y multimodal

Los niños aprenden con el cuerpo entero: escuchan, miran, tocan, prueban, se mueven. Esa es la base del aprendizaje multisensorial y multimodal, un enfoque que gana espacio en la educación actual.

Y la investigación lo respalda, pues la Universidad de Harvard publicó un estudio en el que señalaba que los pequeños que estudian en entornos multisensoriales retienen hasta un 35% más de información que quienes se apoyan en un solo canal. La idea resulta sencilla: cuantas más puertas abrimos al conocimiento, más fácil resulta que el conocimiento se quede.

 

Qué es el aprendizaje multisensorial y multimodal

Aunque se mencionan a menudo como sinónimos, describen matices distintos. El aprendizaje multisensorial se apoya en los sentidos: vista, oído, tacto, olfato y gusto. El multimodal, en cambio, se refiere a los métodos que se ponen en juego: lectura, conversación, uso de tecnología, dinámicas de grupo o actividades artísticas.

 

 

Un ejemplo ayuda a verlo con claridad. Un niño traza letras en arena: ve la forma, la siente en los dedos y escucha el sonido de los granos al moverse. Eso es multisensorial. Otro aprende matemáticas con un libro, una aplicación digital y un juego de mesa: ahí entra en juego lo multimodal. Al unir ambos enfoques, el aprendizaje se vuelve más completo.

 

Beneficios que se sienten

Este tipo de experiencias favorecen la memoria y la comprensión, pero también alimentan la creatividad. Los niños exploran de formas distintas, prueban, se expresan y encuentran caminos propios para llegar al mismo concepto. El aula se convierte en un espacio más inclusivo, ya que cada estilo de aprendizaje encuentra su lugar. Resulta especialmente útil para estudiantes con TDAH o autismo, que reciben estímulos ajustados a sus necesidades.

Además, la variedad mantiene la motivación y sostiene la atención. Los pequeños participan con más ganas y, en actividades grupales, desarrollan competencias sociales tan importantes como escuchar, colaborar o comunicarse de manera clara.

 

El aula como laboratorio de sentidos

Un aula multisensorial, también llamada atelier, no se limita a paredes con posters. Es un entorno preparado para invitar a la exploración. Allí se encuentran mapas y gráficos de colores intensos, música o sonidos de la naturaleza, superficies con texturas diferentes, agua, arena, telas, e incluso recursos tecnológicos como tablets con programas interactivos.

La riqueza del ambiente multiplica las posibilidades. Los conceptos abstractos se vuelven tangibles y los niños se sumergen en ellos con entusiasmo.

 

La casa como extensión del colegio

En el hogar también se puede aplicar este enfoque. Cocinar juntos implica tacto, olfato, gusto y vista. Un juego de texturas con telas, papeles y objetos cotidianos enriquece la percepción táctil. La música, ya sea con instrumentos sencillos o con aplicaciones, aporta ritmo y memoria auditiva.

La lectura compartida, las manualidades o los proyectos artísticos integran lo multimodal: palabras, imágenes, diálogo y creación. Los recursos son variados: kits de ciencia, rompecabezas, libros interactivos, aplicaciones educativas o elementos naturales como hojas y piedras que invitan a explorar.

 

 

Materiales que cuentan historias

Los libros con superficies para tocar, los cómics educativos y los e-books interactivos son ejemplos claros de materiales multimodales. Combinan texto, imagen y sonido para atrapar la atención y enriquecer la experiencia de aprendizaje.

El aprendizaje multisensorial y multimodal abre la educación a todos los sentidos y a múltiples caminos. Mejora la retención, favorece la comprensión y, al mismo tiempo, crea espacios inclusivos y motivadores. Con este enfoque, los niños no solo memorizan datos: viven la experiencia de aprender.