Si no te diviertes enseñando…¿deberías dejarlo?

La vocación es la principal cualidad que tiene todo buen profesional, y la educación no se escapa de esa realidad. Pero, ¿cómo saber si se tiene la vocación necesaria para ser maestro? Pues una de las formas principales de saberlo es atender a las emociones que genere enseñar. Si te diviertes dando clases todo será más fácil y agradable, pero si te angustias y tienes miedo a hablar en público…podría haber un problema.

Esta es la afirmación que hacen los grandes gurús de la enseñanza que siguen un modelo humanista en el proceso educativo, la importancia del estado de ánimo positivo cuando existe una verdadera vocación. Y es que divertirse cuando se enseña tiene una serie de consecuencias que pueden ser muy importantes, tanto para los docentes como para los alumnos y el progreso del proceso educativo.

 

Divertirse enseñando supone…

  • Hay que ser conscientes de que cada proceso educativo, según el curso, tiene un enfoque diferente. Por ejemplo, en la primaria los maestros deben estar enfocados en desarrollar valores en los niños, además de conocimientos propios de esa etapa. Durante la secundaria, se debe enseñar a los alumnos a pensar, y en la universidad se debe orientar la educación a determinadas profesiones concretas.

 

  • Un profesor debe orientar también a otros en su verdadera vocación, enseñar a los demás por un bien común, que es el futuro de los ciudadanos del mañana. Por tanto, la tarea de un maestro tiene un alto grado de responsabilidad en la sociedad. No solo le toca darse cuenta de si ser educador es su verdadera vocación, sino que será referente indiscutible en la vida de sus alumnos a la hora de descubrir su propios deseos e inquietudes.

 

vocación de los profesores

 

 

  • Enseñar con amor debe permitir también darse cuenta de si el alumno no está captando bien los conocimientos transmitidos, y averiguar si existen otros métodos más adecuados para ese alumno en particular. Aunque cada grado académico categoriza a los alumnos más o menos uniformemente, siempre hay que tener en cuenta que esto es una forma simplista de generalización, pero jamás es real. Ese alumno que parece diferente al resto es un tesoro que siempre se puede pulir.

 

  • La paciencia y la constancia son valores inherentes a la enseñanza, y para divertirse en el oficio hay que desarrollarlas. Y es que cuando uno se divierte el tiempo pasa volando, cada clase es un regalo y cada pregunta de los alumnos es un desafío que motiva para continuar.

 

  • También supone que la misión personal del profesor se fusiona con su misión profesional. Su trabajo no es ajeno a su vida, ni se trata de un sacrificio en torno a la misma, su profesión lo envuelve en el ser que es.

 

  • Entender que cada alumno tiene su propio ritmo, un ritmo que debe respetarse e incentivar a los alumnos para que también lo respeten y se respeten a sí mismos, sin compararse, ofenderse o sentirse poco o nada valorados por el desarrollo de sus propias competencias.

 

  • Estar presente para los alumnos siempre que estos lo necesiten y lo busquen. Incluso, divertirse enseñando puede significar el anticiparse a las necesidades de los mismos.

 

  • Divertirse en cada clase debe ser una regla, tanto para el profesor como para los alumnos. Hacer exámenes que no supongan agobios a la hora de corregir es una terapia excelente para los profesores, así como hacer clases donde los alumnos se diviertan es una terapia muy beneficiosa para los estudiantes.

 

Así que ya lo sabes, si no te diviertes enseñando tal vez deberías reflexionar y buscar nuevos métodos. ¡Nunca es tarde si la dicha es buena!




Autor: Jesús Falcón

Cofundador del Proyecto educativo Bosque de Fantasías, programador y desarrollador por excelencia, dedicado al mundo educativo y a su evolución.

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1 Comentario

  1. Buenas tardes: quería comentarles que su pagina es mega increíble,me encanta y siempre los sigo en todos los blog que sacan. solo quería felicitarles y desearles mas éxitos de los que tienes.

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