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Cómo entender la depresión infantil para poder combatirla

Cuando pensamos en los niños y la depresión, la imagen que más nos viene a la cabeza es la de adolescentes solitarios, con un diario en la mano, languideciendo en el aislamiento de su dormitorio, o tal vez con problemas de adaptación, tristes o enfadados en un rincón con videoconsolas y cómics como única compañía.

Pero lo cierto es que la depresión no es un problema exclusivo de los adolescentes ni tan baladí como pueda parecer, pudiendo aparecer incluso en el preescolar, convirtiéndose en algo grave si no se detecta y trata.

 

 

Causas de la depresión en los más pequeños

Hay muchas cosas que pueden contribuir a que un niño pequeño sufra depresión. Por ejemplo, los acontecimientos familiares desagradables, como la muerte, el divorcio, los conflictos familiares, la enfermedad, una pelea con un amigo, la pérdida de un partido o la muerte de una mascota querida, son cosas muy importantes para un niño que pueden generar tristeza e incluso ir más allá cuando un padre menos se lo espere, convirtiendo a los niños en personas tristes y retraídas, o con problemas para dormir, arrebatos de ira, aislamiento voluntario o miedo a la separación.

La depresión infantil también puede atribuirse a situaciones familiares continuas que colocan al niño en un territorio incómodo, por ejemplo, cuando en la familia hay problemas de sustancias, exceso de autoridad, abusos o falta de confianza por cualquier motivo. Es decir, que pueden ser muchas las causas y por ello es importante permanecer atentos y no minimizar la tristeza y la preocupación en los más pequeños.

Depresión ajena a episodios traumáticos

Pero la depresión también puede ocurrir con un evento positivo, como la llegada de un nuevo bebé o una mudanza a una nueva casa, y sus efectos pueden ser igual de desgastantes o devastadores. Aunque dichos eventos se consideren felices, un niño puede sentirse amenazado e inseguro. Incluso en las familias más unidas, los problemas financieros, la sobrecarga de actividades o la falta de “tiempo libre” pueden contribuir a la depresión de los niños, y por eso es fundamental no olvidar que los más jóvenes también pueden tener altibajos y días buenos y malos.

Cualquier comportamiento inusual que sea dramático y duradero debe hacer que los adultos enciendan las alarmas y sospechen, porque más vale prevenir siempre.  Aunque lo más importante que los padres deben evitar es pensar que los sentimientos de los niños y adolescentes son “solo etapas” porque, aunque lo sean, también pueden ser algo más.

 

Qué pueden hacer los padres ante esta situación

Afortunadamente hay muchos recursos excelentes disponibles para padres con niños que sufren depresión. Todas las causas de la depresión se pueden anular si un niño tiene modelos positivos que le brinden habilidades de afrontamiento efectivas, apoyo seguro y confianza. Por ello es importante no ignorar las necesidades de los niños y mantener una buena comunicación, habilidades de afrontamiento y resolución de problemas que les sirvan durante toda su vida.

A continuación añadimos algunas ideas adicionales más para ayudar a los niños a lidiar con problemas depresivos:

Confianza y honestidad de padres a hijos

La confianza es la clave para ayudar a los niños a superar una mala racha, pues los niños son excelentes perceptores del entorno. Todo lo que les neguemos a nuestros hijos en nombre de la protección, ellos lo suplantarán con fantasías que suelen ser diez veces peores que lo que realmente esté sucediendo, y por eso hay que ser cuidadosos. Si un niño tiene la edad suficiente para hacer preguntas, tiene la edad suficiente para obtener una respuesta honesta.

 

 

Al ser honestos, además, los padres les están diciendo a sus hijos que son dignos de la verdad y lo suficientemente importantes como para que confíen en ellos, transmitiendo así el mensaje de que el padre también es digno de confianza. Cuando un padre y un hijo sufren una pérdida juntos, el vínculo familiar se fortalece, y por ello es crucial dejar que los niños nos vean llorar también a los adultos, porque debemos ser siempre un modelo para ellos y hacerles entender que sentirse mal a veces es normal e incluso sano.

Al permitir a los niños llorar y sentirse enfadados, mostrándoles nuestro apoyo sin importar lo mal que se sientan o actúen, les demostraremos que está bien tener días malos y que, con el tiempo, los días malos podrán convertirse en días buenos, pues todo forma parte de la vida.