El caso del colegio que revoluciona la educación

En Hospitalet de Llobregat se haya unos de los barrios más conflictivos de Barcelona: La Florida. Y en él se encuentra el colegio Joaquim Ruyra, un centro que ha cambiado su entorno, o según dicen los vecinos, ha traído la paz.

Raquel García, directora del centro, y Miquel Charneco, jefe de estudios, hace menos de una década comenzaron con la idea que da forma a esta escuela. A través de un curso que impartía la Generalitat se dieron cuenta de que otra educación era posible y se llamaba “comunidad de aprendizaje”.

Miquel declara que «Lo que nos obsesiona no es enseñar, sino que los alumnos aprendan. No es lo mismo, si lo piensas bien». Y parece que aprenden y además disfrutan haciéndolo. La escuela ha sorprendido con sus resultados en las pruebas de competencias basicas que realiza la Generalitat. Sus alumnos están muy por encima de la media superando incluso a algunos de los mejores colegios privados de Barcelona.

En su contra tienen el entorno problemático del barrio y la complejidad del alumnado, ya no tanto por las cifras de extranjeros (92%), sino por la movilidad de los niños. Influyen demasiado los cambios de domicilio, los desahucios y los retornos y regresos del país de origen. Un curso empieza con unos niños y acaba con otros. Pero todo esto no ha podido con la voluntad de un grupo de profesores que están dispuestos a cambiar el modelo educativo aunque esto implique más trabajo y mucho más esfuerzo.

 

¿Cuáles son las claves de este “milagro educativo”?

Dividiendo a la clase en grupos interactivos de trabajo durante el 60% del tiempo lectivo consiguen reforzar el aprendizaje colaborativo en el que se apoyan unos alumnos a otros. Aquí las clases magistrales no existen, existen los juegos, los desafíos, los debates, aulas siempre abiertas, materiales fabricados en el centro (como robots por ejemplo), recursos digitales, donaciones y sí, también libros convencionales.

Una de las claves para atender esta iniciativa es la inclusión de voluntarios que entran y salen del centro durante toda la jornada. Son unos 100 y el 25% familiares directos. Esto ha creado una fabulosa interacción entre los niños, la escuela, los vecinos, la familia, en definitiva con el barrio donde al final se reflejan los objetivos y la ayuda mutua. El colegio Joaquim Ruyra, según la misma policía, es un oasis en una zona desfavorecida, una esperanza en la que todos pueden participar. Entre los voluntarios hay ex – toxicómanos  y analfabetos. Y es que también los niños pueden enseñar al que va a ayudar.

El diálogo es básico, todos se sienten útiles y escuchados. No se segrega por necesidades especiales o por estar en acogida. En un embate al sistema, todos trabajan juntos para evitar las etiquetas y los prejuicios, además de reforzar la autoestima haciendo posible que todos logren sus metas independientemente de su condición.

Después de explicar cómo esta escuela ha cambiado la vida de los niños y de su entorno, no nos extraña que cada día se acerquen maestros, estudiantes, curiosos y periodistas para ver de cerca esta fabulosa experiencia educativa que sin duda merece la pena entender y copiar.

colegio infantil







Autor: Bosque de Fantasías

Comparte este artículo en

Envía un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies