Cómo actuar con el niño inapetente

Todos sabemos lo importante que es que los niños se alimenten correctamente, duerman y descansen bien, se aseen convenientemente…; en definitiva, que estén regulados en todos los aspectos básicos y esenciales para su desarrollo. Pero existen diferencias individuales que marcan, ya desde el principio, distintas trayectorias en éstos y otros aspectos.

“¡NO QUIERO COMER!” ¿Cómo debemos actuar?

niño inapetenteCada vez que se acercaba la hora del desayuno, la comida, la merienda o la cena, a Luis le cambiaba la cara, cerraba los ojos un poquito, apretaba los labios y se le hacían arrugas en la frente, en la nariz y en la boca. Parecía como si la comida fuese su peor enemigo.

El resto de la familia estaba ya cansada de tener que compartir las comidas con Luis en esas condiciones, pues, para los papás, este momento es muy especial, ya que comentan con los hijos las cosas que les han pasado durante el día mientras saborean los alimentos..

La inmensa mayoría de los casos de inapetencia corresponde, precisamente, a niños que, aun pudiendo estar situados en la parte inferior de la curva de seguimiento, no tienen ningún problema orgánico. Sin embargo, la preocupación inicial y mantenida en el tiempo hace que estemos ante una problemática significativa y que desgasta mucho a los padres.

¿Qué les ocurre?

En general, se ha tendido a pensar que los niños gorditos y buenos comedores están más sanos y, en cierta medida, un elevado nivel de defensas está relacionado con una buena alimentación, pero, en no pocas ocasiones, cuando ha sido al revés y los niños se muestran inapetentes, los padres se han preocupado en exceso, aún cuando no ha existido problema alguno. Con frecuencia, se ha creado en el niño inapetente una presión para que coma, que suele traer en jaque a toda la familia.

A veces, la situación se vuelve extrema. Comienzan las persecuciones para que el niño coma a toda costa, hasta el punto de pretender que lo haga en cualquier momento y en cualquier lugar. A veces, hay niños que llegan a comer a la vez que están haciendo otras cosas, incluso mientras juegan al balón con los amigos. De hecho, la escena de una madre que alarga su mano para dar el bocadillo a su niño que está jugando en el parque, casi como si se tratara de oxígeno para poder respirar, resulta bastante familiar.

Pero es conveniente que pensemos que, con esta conducta, estamos creando una costumbre, un hábito que tenderá a repetirse y que nos alejará de nuestro objetivo, que es que el niño se centre en comer en el momento adecuado. Por otro lado, le surgirá espontáneamente el hambre y, casi con toda seguridad, podrá comer a demanda, lo que se cerrará en un círculo vicioso.

Esas eternas comidas

Con estos niños es habitual que las comidas se dilaten muchísimo en el tiempo. Este hecho es contraproducente, porque rompe la dinámica de la familia y, a la larga, se convierte en un problema que, a medida que el niño va creciendo, resulta más difícil de solucionar. Ingenuamente, tendemos a pensar que el pequeño acabará comiendo, pero, normalmente, lo que conseguimos es que acabemos cediendo los padres, que ya desesperados optamos por retirarle algo del plato.







Autor: Bosque de Fantasías

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