Cómo actuar con niños tercos o testarudos

Muchos estudios demuestran que ser obstinado puede ser un claro indicador de éxito y excelencia en la vida futura. Sus efectos positivos pueden ser varios, si se maneja con prudencia desde la infancia, como la iniciativa y el liderazgo en diversos campos. Pero hay muchas más cualidades y efectos positivos:

  • Perseverancia y determinación

Todos sabemos que sin obstinación no puede haber determinación, solo se gana cuando tropezamos con obstáculos en nuestra vida y vamos aprendiendo poco a poco. Solo teniendo perseverancia en algo un niño podrá superar cualquier reto. Es normal que en los primero años del niño, nos resulte difícil y engorroso, pero vale la pena tener paciencia.

  • Independencia

Un niño testarudo no imita a nadie y tampoco desea ser como alguien de su entorno. Esta es una de las características más importantes del liderazgo.

  • Autosuficiencia

En repetidas ocasiones oímos a nuestros hijos decir que no quieren que les ayudemos cuando se trata de algo que quieren conseguir con su propio esfuerzo, y esto es algo muy positivo en ellos.
 


 

¿Cómo debemos actuar entonces con ellos?

  1. No es bueno recibir órdenes por parte de tu hijo sucesivamente sin pensar. Intenta convencerle de que hay soluciones alternativas que le pueden servir y hacerle ver que se equivoca con esa actitud o que no es el camino adecuado.
  2. Poner ciertos límites bien definidos a los niños testarudos es esencial para no elevar su liderazgo. Deben aceptar que unas veces se puede tener éxito al intentar conseguir algo y otras veces no.
  3. Debemos comprender los sentimientos del niño y evitar según qué frases innecesarias. En lugar de “el tiempo para jugar ha terminado, así que si no quieres que te castigue ven a comer”, es mejor decir: “sé que te gusta jugar, y es difícil dejar algo que te gusta, pero podemos guardarlo muy bien para que podamos volver a jugar mañana”. En los dos casos hay el mismo objetivo, pero en la segunda forma tu hijo fortalecerá su entendimiento sobre sus propios sentimientos.
  4. Siempre debemos mantener calma en todo momento, no reacciones bruscamente si el niño empieza a gritar o tiene una rabieta. Si respiramos profundamente y mostramos una respuesta positiva será mucho mejor que una realimentación negativa que podría acabar en discusión y tristeza.






Autor: Bosque de Fantasías

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